12 dic. 2016

¿Escribir Fanfiction? Nfufu ~

Pues aquí me tienen a las 3 de la mañana escribiendo una entrada en este blog, ¿un review? ¡No! La verdad, a mi me marca que las entradas tienen un promedio de 100 vistas, no tengo idea quien verá esto 100 veces, pero gracias! Sí me sorprende tener lectores todavía. Bueno en fin, pasando al tema, les tengo que contar que últimamente me he vuelto una otaku nivel locura.
O sea, hace unos meses Netflix sacó (thanks god) un montón de contenido de una televisora mexicana super importante pero que hace puros programas y series horribles, super básicos y de mala calidad. Netflix sacó mucho contenido de Televisa porque Televisa al parecer no veía ganancias y retiró y anuló los contratos con Netflix. A nadie le importó. Entonces Netflix México metió muchísimo contenido asiático. Principalmente novelas japonesas (Vi Mischievious Kiss o Love in Tokyo completo y lo amé!) y más animes! Ya tenía muchísimo que no veía ningún anime nuevo, en parte porque uno se queda clavadísimo y bueno, se le olvidan sus responsabilidades por ver qué más ocurre. Otra, porque soy malísima para seguir series, pero debo admitir que si veo más animes que series es porque me encanta la animación japonesa. En serio, logran unos efectos hermosos y todo es animación... en fin, es eye candy para mi. Pero a parte, las historias no están nada mal. Uno realmente se engancha con las tramas y a veces desea poder ver más de sus personajes favoritos... y ahí es cuando llega el Fan fiction. 
Marmalade Boy
El fanfic no es exclusivo de los animes, de hecho hay fanfics de cualquier serie, ¡hasta de Ed, Edd y Eddy! Una caricatura gringa muy divertida y estúpida tiene fanfics donde los personajes son más complejos y hay tramas súper intensas (ni los he leído...jaja) 
En fin, si no aguantas a que la próxima temporada de tu serie salga al aire (o un libro o película) pues hay mucha gente que escribi y expande esos universos de ficción.
Ahora, la pregunta más obvia es si el fanfic es literatura y si es literatura que vale la pena.
A mi me molesta mucho ese segundo termino porque la literatura es mayormente un entretenimiento. Que un montón de gente se dedique (o nos dediquemos) a estudiarla, y que varias escuelas (#formalistasrusos) se hayan dedicado a volverla un asunto serio y de distinguir la literatura de calidad de la literatura, aahm, bueno, "que no es de calidad" y que hayan creado un canon basado en esas distinciones, no quiere decir que la literatura fuera de esos límites no sea buena (por poner un adjetivo muy general)
De hecho, hay fanfictions de autores reconocidos, que en la misma universidad hemos estudiado. Sí, fanfics que son re-imaginaciones de obras de Shakespeare o que cuentan historias de personajes secundarios de obras importantes como March de Geraldine Brooks, que incluso gano un Pulitzer, y que es un libro que toma al padre de Mujercitas y cuenta su vida en el campo de batalla, o The Further Adventures of Huckleberry Finn en donde nos enteramos de qué pasa con Huck cuando decide seguir viajando por el Mississippi. Pero bueno, esas son obras que retoman o se basan en libros ya con cierto reconocimiento.
Luego tenemos los fanfics que se vuelven historias propias, como yo les digo. El ejemplo más burdo es 50 Shades of Grey, que era originalmente un fanfic de Twilight. La escritora cambio nombres y algunos escenarios, y obvio, añadió la parte supuestamente erótica a las escenas entre el vampiro y Bella (Que ahora eran Christian y Anastasia)

Bueno, a lo que quiero llegar es que, mi trauma por el anime me hizo leer algunos fanfics (algunos malísimos, otros la verdad muy buenos) y después yo dije, what the hell, yo también escribiré mis fanfics. Pero después, esos fanfics se volvieron "historias propias". Sólo qué, en lo que me entretenía creando un mundillo para lo que quería contar, me entretuve con esos personajes y fui escribiendo las "side stories" que sin querer se volvieron "main stories" en sí.

Ahora, el hecho de que estudie letras y que lea a los mejores escritores de la Historia, y que realmente me gusten (si no, ya me hubiera cambiado a otra carrera) no significa que haya dejado de disfrutar de otro tipo de historias (como los animes). Lo que el mundo y las personas necesitamos son historias. Algunas muy densas, muy desgarradoras, que, como decía Kafka, se sientan como un suicidio... y otras, para no aburrirnos. Al menos yo, soy una persona que se aburre mucho de lo cotidiano (sometimes, only) y por eso leo historias, miro historias, invento historias. Hay historias que me parecen demás estúpidas, como 50 Shades o Bajo la misma estrella (sí, me pareció puaaaj!) y otras, que aunque tengan una premisa un poco fantástica, me parecen geniales: O sea, me hiper emocioné con The Seven Deadly Sins o Sword Art Online, incluso con un romance muy simple como Marmalade Boy. Porque creo, influyen muchos factores, uno de los más importantes es saber qué eres y que alcances tienes, qué tipo de historia es tu historia y las limitaciones que esta presenta. Es como si Melville con Benito Cereno nos hubiera querido divertir, emocionar, hacer sufrir y azotarnos...no, esa es una historia para criticar la monotonía y alienación de una sociedad cada vez más urbana e industrial. O si Marmalade Boy nos hubiera querido hacer pensar sobre la existencia y problemas Kierkeegardianos. Cuando una historia es lo que es, y lo es "bien" entonces creo que es cuando más se disfruta y emociona a quien la lee o mira. En el caso del fanfiction, es una historia dirigida justamente a fans que quieren más de lo mismo, de lo conocido, pero también, algo nuevo. Cuando empiezas a crear mucho más que eso, incluso a modificar características de los personajes o líneas de la historia, tal vez crees una historia propia, aunque alguna otra te haya inspirado a comenzar a escribir y delinear tus personajes. 
Eso es lo que me ha pasado a mi. Comencé a escribir fanfic, y dije, saben qué, la literatura es bella y seria, pero también es algo que puede hacerse sólo por diversión. Así que, a veces para comenzar a escribir es bueno quitarse prejuicios y esa "ansiedad de la influencia" que explica Bloom. Es la ansiedad que te da saber que antes ha habido grandes escritores y el pensar que tú debes estar a su altura o sobrepasarlos.


Yo no, gracias, yo sólo quiero entretener a unos cuantos y satisfacer mis ganas de explorar los temas que ciertos personajes o situaciones me permitan... así que, el gran final de esto es que comencé a escribir un fanfic inspirado en Diabolik Lovers :) 
Fin del comunicado.

24 nov. 2016

Actualizaciones del blog y de la vida 2

Mientras escribo estas líneas sólo pienso en que
debería estar contestando un examen de literatura Medieval... ay amigos, ¡cómo pasa el tiempo! Este blog lo comencé cuando iba en la prepa para olvidarme de mis horribles torturas con materias como física y matemáticas, a las que nada más no comprendía. Leer fue mi escape y desastres, fue un mundo maravilloso que redescubrí, pues en mi adolescencia dejé los libros más o menos arrumbados. Justo vi un post donde avisaba que cerraba el blog unas semanas porque tenía exámenes finales de la preparatoria... y ahora, pues estoy ya en la recta final de mi carrera universitaria. El próximo año es el último de cuatro años estudiando ¡Letras!
Al final, no se cuando influyó este blog en esa decisión, pero sí se que es una carrera que me ha hecho feliz y me ha dado oportunidad de conocer mucho, de visitar Inglaterra (un país que siempre amé) y si todo sale bien, próximamente China, Oslo y Edimburgo (Edimburgo por segunda vez, jojo, la literatura ya me llevó allí un día)


En fin, lo que quiero decir es que este blog se fue por las ramas. Era originalmente un blog para reseñar libros, y libros clásicos. En parte, porque un día, a mis diecisiete años me di cuenta de qué ignorante era (bueno, ahora sé que de hecho es normal no haber leído a James Joyce o Flaubert a los diecisiete) y porque leer fue una especie de retro intelectual para mí. Después, las películas y cuanto me gustaban me hicieron escribir sobre ellas también.
Poco a poco, y conforme mi vida universitaria se volvió más complicada escribía menos y ya sin entusiasmo. Definitivamente abandoné el blog un tiempo y después volví. Me dio mucho gusto ver que aun contaba (cuento) con lectores, y sinceramente, este blog ya es una parte de mi historia, así que no pienso borrarlo... si puedo, volveré a escribir reseñas de libros (No sé si de libros medievales, que aunque me encantan, es un poco difícil comentarlos)
Ultimamente escribí mucho sobre la vida, lo que pensaba... obviamente a los 21 (casi 22) no piensas igual que los 17, y también vives muchas cosas que te cambian la forma de ver las cosas, de verte a ti misma... he estado feliz, triste, desesperada. No voy a mentir, creo que incluso sufrí depresión durante algún tiempo (no es tan raro como creen). Igual me iba de fiesta cada fin de semana, el alcohol y las drogas fueron cosas que ocurrieron y ocurren (tampoco se espanten, todos lo hacen(mos) en la universidad)... igual fui sintiendo hoyos en el alma, recordando cosas que no quería recordar, pensando en por qué estábamos aquí, qué era la vida...lo que me hacia feliz antes ya no lo hacia tanto ahora.

En parte creo que fue bueno, creo que me quite una máscara, la máscara de la "Fantástica Señorita" que por un buen rato se derrumbaba y se sentía sola y tristísima. Igual, en ese camino oscuro encontré buenos amigos, personas hermosas.
Hoy les digo que no todo es perfecto, pero tampoco todo es desesperanzador. Ha pasado tanto, pero qué gusto que sigamos aquí.
Así que, en conclusión, creo que este es de los últimos escritos "confesionales" que haré. Volveré a las reseñas, poco a poco iré figurando qué hacer una vez que me gradué (¡sé que quiero algo relacionado con los libros!), creo que ahora incluiré la sección de "Viajes", pues me hace ilusión conocer el mundo y claro, sin dejar de lado la perspectiva literaria (Falta el post de mi viaje a Irlanda y mi encuentro con la estatua de Wilde, ¡les prometo que pronto la subo!)
Pero bueno, en sí, eso: reseñar libros y poner este blog bonito, otra vez. Muchas gracias a todos por seguirme y aguantarme.  Y creo que también haré reseñitas de anime, jiji.

22 nov. 2016

Esa inconstancia tuya.


"No quiero pensar mil veces las mismas cosas,
ni contemplarlas sabiamente"

Extraño el silencio, y extraño la tristeza. Sin esas dos cosas la vida se ha vuelto aburrida.
Hubo una vez alguien en mi vida. Me hacía reír, podía quedarme despierta con él hasta las cuatro de la mañana y hablar de todo y nada. Después, la vida me pareció un sin sabor. Claro que he encontrado cosas, claro que soy feliz. Pero no les pasa... a veces hay felicidades llenas de tristeza? Son tristezas calladas y distraídas. Tal vez te da si a la 1 de la mañana el viento frío contra tu rostro te recuerda cuando solías fumar cigarrillos en el tejado con tu mejor amigo, y como esa misma sensación, se sentía de cierta forma cálida o emocionante. O incluso, al ver una fotografía donde sonríes, y ya no recuerdas eso que jamás no olvidar jamás.
A mi me pasa mucho cuando camino en las noches por la ciudad con mis amigos. O cuando llueve al salir de un concierto... me pregunto a dónde se van los momentos felices cuando dejan de existir.
Ahora escribir parece mecánico, siento que nadie entiende, que nadie sabe... O tal vez soy yo, que soy mala para comunicarme.
Me cuento historias, bebo café para mantenerme despierta, me da miedo equivocarme. Creo que sería más fácil si ya no me importara.


Un día estaba bailando y tomando ron con mis amigos, David Bowie sonaba en el pequeño departamento de la colonia Roma. Nada nos podía detener, en ese punto tan minúsculo es el universo ¿cómo nos sentíamos tan grandes?
Últimamente leo y busco cosas, pienso, intento encontrar una voz que responda, que diga "no estás sola", una respuesta a mi, que soy, por qué. Creo que sí a mi me hace sentido entonces está bien.
También he peleado con mi madre. Por cosas insulsas y pasajeras, y ya se que me reclamara por la prueba de embarazo que encontró en el baño y por la marihuana.
Mientras, hablo con mi amiga de Luxemburgo sobre cada vez que salimos y besamos a alguien. A mi hace tiempo que dejó de importarme. Digo, los besos son solo eso. Se dan fácil, se olvidan fácil. Algunos los detestas. De hecho, la mayoría los detesto.
Me pregunto si besaré a alguien con amor algún otro día, si sabré que es querer que alguien se quede al día siguiente. No se cuando me volví tan cínica. Es tal vez porque lo di todo, o di tanto, que ahora simplemente estoy cansada. Dejo que vengan y vayan, me marcho antes de las seis de la mañana y soy un recuerdo que comienza a las 10 de la noche. Algunos chicos me llaman, otros me olvidan. A mi me viene dando igual (tal vez no, pero sinceramente, no soy consciente de eso)
Quisiera dejarlo todo, quisiera dejar de comer por días. Quisiera marcharme. Que todo se apague. Subir a un carrusel, que las luces de colores me embriaguen. Ya no quiero besar a otro chico tan insulsamente, and yet again, sé que esa es la rutina de los viernes.
Algún día tal vez pueda hablar con alguien sobre las estrellas, las margaritas, el globo rojo. Un día estaré aburrida de eso. Siempre me pasa, y por eso corro y huyó y a veces creo que pido a gritos que me sigan pero en el fondo no quiero que nadie me alcance.
He soñado con viejos amigos. Pienso que no siempre merezco que me quieran de la forma en que lo han hecho. "Esa inconstancia tuya no es algo heroico", decía Cerati. No sé si quiero tener hijos, no sé si aguante volverme tan vieja. Me aburro. Me aburro, me aburro, me aburro. Pienso en la existencia, leo a Kierkegaard. Ojalá si me echase de un barranco no muriera. Sin duda lo haría.
Tan bien pienso en que me paso de fría, que entonces hay pequeñas guerras silenciosas entre los que amo y me aman, porque no puedo evitar ser quien soy, y no me disculpo. Me cuestiono sólo a mi, no a los demás, y siento que esto es producto de los conflictos internos que cargo siempre aunque sea sin querer. Entonces pienso: "Debeía poner un aviso de 'Cuidado' porque generalmente quienes me quieren salen mal parados". Y sé que tal vez esté mal pero ¿A caso las víboras se sienten mal cuando le inyectan su veneno a alguien? Ellas no tienen la culpa de ser como son.
No sé cómo vivir pero no me quiero morir, y sin embargo, a veces me desespera lo que unos dicen "la prisión humana". Esta prisión en la que estoy. Así me siento ahorita. Quisiera estar en todos lados y en ninguno. No me quiero morir. Quiero ser feliz pero mi concepto de felicidad tal vez cargue de tristeza a otros, y entonces dudo mientras doy mis pasos por las calles de Edimburgo, completamente sola, porque así quise yo.
Aún así, creo que podemos lograr cosas más o menos impresionantes. Tenemos a David Bowie y a Roger Waters como ejemplo. Pero ser un genio también es agotador.
A veces digo "Escribiré algo estúpido, todos lo leerán", pero siento como si yo misma me apuñalara el corazón. Aún así, creo que escribiré esa historia de vampiros en la que he pensando.
Quiero entretenerme un poco y que llueva más seguido.
Ojalá si me echase de un barranco no muriera. Sin duda lo haría.
Como sea, mis labios son hermosos e irresistibles, y justo ayer, un chico me pedía que lo besara.


25 oct. 2016

dedicado a todos los niños que se creen buenos *risa* poetas, porque me dan flojera

Tus tenis sucios, las gafas de pasta y tu cabello de niño emo (o justin bieber) no impresionan a nadie, así como no impresiona tu poesía pseudo beatnik o como la quieras llamar, la verdad es que son versos básicos e ideas fofas que debiste haber olvidado a los dieciséis años. No me importa si te emborrachas los fines de semana, si lo haces por mi o por cualquier otra, la verdad lo que sí me impresiona es que creas todo lo que dices y todo lo que escribes, porque mis ojos son el aeropuerto de tus sueños y mis labios el fuego que te ha dejado moretones en el cuello como si se tratasen de ventanas olvidadas en tu navegador, y mis caricias invisibles por las noches cuando yo no estoy ahí son lo único que acompañan a tu insomnio…¿Ves que fácil? estoy igual que tu, diciendo estupideces. Poniendo puntos donde no deben ir, escribiendo las comas en su lugar, porque ya no estamos para esos jueguitos de palabras, ni tanta anáfora, ni tanto hipérbaton, ni tanto oxímoron, ni tanta hueva básica: que si me muerdes los labios, o extrañas mis caderas, o esa cerveza sabe a mi o cualquiera de tus jaladas… A mi me han escrito muchas veces, si me quieres inmortalizar no lo hagas vía instagram pensando que inventas el hilo negro sólo porque alguna estilización se te da medianamente bien, ni me digas cosas como “Tienes permitido irte. Tienes permitido irte de mi historia, de cualquiera, de donde no te sientas tuya”. Para empezar yo ni siquiera pido permiso, me enoja y me da flojera, y además, si te besé una vez, es porque la borracha era yo, porque estaba triste seguramente, porque extrañaba a ese niño que me llevó de la mano por Londres y París, y tú, escribiendo sobre la tragedia nacional ¿En serio crees que con eso yo me voy a fijar en ti? a mi desde chiquita me bajaron la luna y las estrellas, una poesía fácil no es ni el primer paso para que yo voltee a mirarte. Tú no eres ni serás el intelectual con el que me doy cuenta de lo vacía que ha estado mi vida y lo vácuas de todas mis relaciones, tú eres el que vive en una zona de la ciudad a la que nunca he ido y dice que las bolsas que tengo guardadas en mi clóset son obscenas cuando hay niños en áfrica muriéndose de hambre porque no puedes pagarlas. Y ya deja de fingir que estás triste todo el tiempo, a mi me gustan los que me invitan a Edimburgo el fin de semana y con los que corro bajo la lluvia en sus callecitas empedradas mientras buscamos un café en el que resguardarnos y comer macarons, porque yo me puedo dar el lujo de tener esas historias de amor tan perfectas y que todas quieren, deberías saberlo, yo no me tengo que conformar con un triste que piensa que habla bonito, yo de niña tenía 14 pares de zapatos de charol y abrigos de cachemira, a mi la desdicha barata se me hace aburrida, a mi me gustan los anillos de Tiffany y las luces brillantes a orillas de ese río en Dublín, muy lejos de alguien como tú. No es por ser grosera, es que tu poesía es realmente mala y mira, saca lo peor de mi.

Claro que no te quiero, ni me gustas ni te acepto una cena, porque quién sabe a donde me quieras llevar o en qué carro; si no es en Les Airelles, no. Y cambiate esas gafas que no van con el lugar.

Ton forme d’aimer est très démodé, allez s’il te plaît...

17 oct. 2016

Las margaritas mueren después 3

Lloré tanto aquella noche, la noche en que Nicolás tomó las maletas y se fue.
Eran las seis de la tarde y un café a medio terminar estaba suspendido en la mesita que él y yo habíamos comprado en IKEA dos veranos atrás. Una mesita llena de sueños y fiebre de primavera. A las seis con siete Nicolás se levantó de la mesa.
— Ya no puedo más, Daira. Ya no puedo.
Yo tenía los ojos rojos y un cigarrillo entre los dedos. Tenía veintiocho años pero sentía que había envejecido hasta los cuarenta.
Pensé en mi madre. Cuando el hombre de mi vida partía de esta, pensé en ella.
Ella se había casado a los veintidós y a mi edad ya tenía una familia: dos hijos y un marido, mientras que yo era un desastre que aún pagaba rentas y se emborrachaba como adolescente los fines de semana. 
Cuando mi padre no estaba, por su trabajo en la industria petrolera, a mi madre le gustaba alardear de cuantos pretendientes había tenido en su incipiente juventud. Y digo incipiente porque a mi modo de ver las cosas, los veintidós años eran apenas el principio de esta, a lo cual ella decidió terminar con eso del matrimonio. A mis hermanos y a mi nos mostraba sus fotos de juventud, con pantalones hasta la cintura y cuellos de tortuga. Aparecía en un jardín riendo con una chica a la que llamaba su mejor amiga. “Muchos chicos me rogaban, siempre había un muchacho llorando detrás de mi”, decía con orgullo. Yo, a esa misma edad, y ciertamente desde mucho años atrás, jamás entendí que satisfacción había en saber que eras la causa de sufrimiento de otro.
“No es que no quiera a tu padre, claro que lo quiero muchísimo” decía haciendo un mohín raro con su nariz respingadísima por las cirugías que se practicó simplemente porque se había aburrido de mirarse siempre igual frente al espejo. “Claro que le quiero, es sólo que… esos amores de las novelas, en donde la gente se desvive por otro...pues, yo la verdad es que nunca lo experimenté...Siempre me quise más a mi misma y que me rompieran el corazón, se me hizo impensable y tan tonto...”
A mi edad mi madre ya se había aburrido de su cara. A mi me angustiaba que mis veintes acabarían pronto y debería “sentar cabeza”, dejar de tomar ginger ale y postergar la pila de ropa sucia hasta lo imperdonable. Pero en aquél entonces, incluso antes de perder a Nicolás, aquello me parecía imposible.
Ya me había acostumbrado al desenfreno y la locura de mis días de estudiante universitaria, cuando el mundo había sido mío sin ningún esfuerzo, a pesar de llevar siempre cierta melancolía sobre mis hombros… melancolía por una pérdida anticipada, porque inevitablemente sabía que esos días no durarían eternamente, y eran demasiado buenos para dejarlos ir. Días en donde todos parecían vivir para mí y por mí, en donde con una sonrisa lograba que me dieran todo lo que yo quisiera y las noches eran brillantes y sabían a champaña rosa. 


Yo no quería que ese sueño se apagase, quería que durara tanto como fuese posible. Quería seguir estando en primera fila en los conciertos y sentir que a la luna le daban celos cuanto brillaban las lentejuelas de mis vestidos. Pensaba en la idiotez de la gente, que dice que uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Claro que yo sabía lo que tenía: yo lo tenía todo, y aún podía tener más, siempre, si así lo deseaba, podía tener más.
Tan sólo Nicolás era muestra de eso: me amaba con furor, siempre estaba dispuesto a dejarlo todo por verme feliz y yo pensé que mis encantos bastarían para tenerlo en ese estado catatónico de amor para siempre.
Nicolás se había enamorado de mi tan sólo en dos semanas, lo supe desde que noté como me miraba. Yo sólo debía usar un vestido bonito y decir alguna cosa medio ingeniosa que hiciera reír a todos en el salón y su fiebre aumentaba. Realmente fue sencillo tenerlo a él como a todos los demás. A mi corazón le halagó su forma de ser: él era bien parecido y bastante reservado, tímido pero a la vez seductor: me invitaba a tomar vino y me hablaba de las cosas de la vida que nadie notaba y que a él le fascinaban. Se sonrojaba si yo me acercaba mucho, con los hombros descubiertos y maquillaje en la cara, hasta que poco a poco dejó de importarle y me rodeaba con sus brazos tan cálidos y deseosos de tenerme para ellos. No es que me sintiese atrapada, si no más bien, protegida y sobre todo, querida. 
El deseo se volvió en amor sin que nos diéramos cuenta. Un amor apresurado y cegado por los ímpetus de nuestra juventud y la promesa de futuros brillantes: ambos habíamos sido excelentes estudiantes, estudiado en el extranjero en prestigiosos institutos, de familias ricas y tradicionales hasta lo enfermo, por lo que un amor que parecía romper las reglas --aunque fuese sólo en la superficie-- nos hizo pensar que nunca nadie en el mundo había tenido tanta suerte como nosotros. Y en sí, nos amamos sin reproches ni explicaciones.
Nos enamoramos mucho y por inercia. Teníamos veinticuatro años. Yo aún vivía en la ciudad y no quería volver a Miraflores. Pasaba las tardes leyendo a Sartre mientras me aburría en las oficinas del gobierno, en donde llegaban quejas que nadie atendía y voces que nadie oía. 
Los becarios eran los que generalmente hacían todo, pero a mi esas ganas juveniles ya se me había pasado un poco. Bebía café y leía En busca del tiempo perdido mientras mi asistente hacía todo lo que le pedía.
Nicolás trabajaba en la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología, en el área de investigación. Había estudiado biología y trabaja en una patente para sacar energía renovable y sustentable a través de las plantas.
Después del trabajo salíamos a bailar o a cenar, o caminábamos sin rumbo, abrazados y contandonos todo lo que jamás le habíamos dicho a nadie, porque creíamos que eso era lo único que se necesitaba para amar a una persona.
Después de un año decidimos vivir juntos y rentamos el departamento que aquella noche se disponía a dejar.
Nuestra discusión parecía una novela de Arthur Miller. “Claro que no me gusta” me dijo alguna vez “Es otro tipo lamentándose del sueño americano, el cual nunca existió, lo que a mi, me aburre mucho… pero bueno.. si a ti te gusta” Me fascinaba que sabía de todo y que siempre me miraba con unos ojos embelesados por mis gracias: que si hablaba danés, que si leía a Miller o a Woolf, que si ahora me desvelaba más porque me habían promovido al área de innovación tecnológica de la Secretaría Ambiental, que si no me daba miedo ser como era, algo (o muy) histriónica y muy afecta a tomarme más copas de las socialmente permitidas para una mujer como yo, lo cual a mi, me tuvo siempre sin cuidado … y a la vez, miraba como en sus ojos se impregnaba la necesidad que yo emanaba de que alguien me protegiese y me cuidase, y de cuánto necesitaba alguien que alcanzara la parte alta de la alacena, y alguien que abriese los frascos de mermelada por mí, y como aquello le hacía realmente feliz. 
Aunque ahora distábamos mucho de aquellas noches en las que caminábamos riendo por las callejuelas mojadas, tomados de las manos y mirándonos a los ojos. 
Eso dejó de contar, y quienes realmente éramos pesaba mucho más que entonces. 
En ese piso estábamos Nicolás y yo. Dos niños — porque ahora así es como nos veo, como dos niños asustados — que eran un desastre y que se estaban lastimando por quién había tomado el muñeco del otro o hecho trampa en el juego. Por absurdo que fuese, eso había sido suficiente para volvernos locos, para pelear como gatos bocarriba y destruir los castillos de papel que creíamos durarían para siempre.
— Lamento que esto acabe así.--dijo, con la ecuanimidad que siempre tuvo ante la vida.
Las lágrimas brotaron de mis ojos, inconsolables.
El cielo iba tiñéndose de azules más oscuros, el zumbido de algunas moscas en la cocina era casi imperceptible, pero ellas eran las únicas testigos de aquel desgarramiento en el universo. Qué pequeños que éramos.
— ¿Por qué? — dije con un hilo de voz, entrecortada.
Intenté mirarlos, pero dolía demasiado. Mis ojos de nuevo se humedecieron y él evitó mirarme.
— Esto hace tiempo que se acabó, Daira. Yo no puedo seguir engañándote, ni engañándome. Esto es demasiado para mi, no puedo fingir que todo está bien…
— Cállate. — dije de repente, tajante. — Cállate. Si de un día para otro me dejaste de amar…
— No… — interrumpió y se acercó a mi. Puso su rostro entre mi cabello, como lo hacía cuando buscaba consuelo y mis brazos parecían su hogar. Me intentó besar pero la rabia me hizo apartarlo de mi con un empujón, lo bastante fuerte para que perdiera el equilibrio.
— Te lo di todo como puede, Nicolás. Te quise... pero siento que quieres que sea algo que no soy, y no puedo...— jamás en mi vida sentí tantos deseos de partirle a alguien la cabeza, como en esa ocasión. Me lancé sobre el sin pensarlo y lo golpee con el puño.
Le partí su delicada nariz y comenzó a sangrar, pero a mí apenas me alivió aquello. Yo estaba fuera de mi
— ¡Tú eres la que destruyó esto! — me contestó lanzando una figurilla que habíamos comprado en Valle de Bravo, un fin de semana perfecto e ideal, lejano a la escena que representábamos aquella tarde.
— ¡Eres un pendejo! -- dije cuando vi que lanzaba ese muñeco contra mi, aunque no se había ni acerado a donde yo estaba -- ¿Acaso me quieres matar? 
Jamás había deseado con tanta locura que aquel momento se detuviese y poder arreglarlo todo. Quería aferrarme a él y obligarle a que se quedara, hasta que se le olvidara todo lo malo y de nuevo me volviese a amar. Pero no podía, había un peso en mis hombros mucho mayor que mis deseos, y no podía contenerlo.
Sí soy sincera, casi no recuerdo lo malo, como pasa cuando amas a alguien. Casi no recuerdo los gritos, ni las peleas. Incluso esa tarde, la tarde en que se marchó, está borrosa y no he pensado mucho en ella. Jamás pienso en ella. Si pienso en algo, es en como sostenía mi cadera mientras bailábamos, él y yo, solos en la cocina con una canción de The Smiths de fondo. Pienso en los besos que le daba a mis pies cuando mirábamos una película, como acariciaba mi cabello cuando nos quedábamos dormidos platicando de lo que pensábamos sobre el universo, y las vidas pasada y si ya entonces nos conocíamos. Recuerdo los desayunos casuales de cereal y leche mirando T.V. y el entresemana, llenos de cotidianidad gris y tazas de café, que se veían maravillosas por su presencia y sus sonrisas.
Su cabello rizado, sus ojos verdes, la seguridad con las que sus manos me tomaban cuando quería amarme más, el “Sí, amor” y que los dos creímos que eso se iba a quedar así para siempre.
Pero ahora en el piso había una figurilla rota, y una nariz con sangre y una taza de café frío. Y la tarde ya era casi noche.
— ¡No te vayas Nicolás! — le dije tomándolo por la espalda y llorando, dejando mis lágrimas en su camisa blanca. 
Había sido un miércoles. No sé porqué ni como sí recuerdo eso, cuando jamás lo marque en el calendario y siempre quise olvidarlo.
Todas nuestras vidas dependían de un sólo momento.
— No te vayas… — balbuceé, llorando. 
Tan solo una semana atrás, me había prometido que todo estaría bien, me había besado como un adolescente enamorado por primera vez y me había hecho sentir que podríamos superar lo que fuese necesario. Pero en ese instante, simplemente se volteo y me dio un beso en la frente. 
Las noches sin dormir, la música, los roadtrips, los días que no salíamos de la cama, todo se perdió en un instante.
Se marchó sin más, me dejó la renta de aquél mes en un sobre y se llevó dos maletas con su ropa y objetos personales.
De repente la cama estaba vacía y fría, la mitad del closet deshabitado, a los estantes le faltaban libros y las monedas que siempre dejaba regadas por los muebles ya no estaban. Todo se sentía tan mortalmente solitario, y aquella fue la noche más oscura que pasé, incluso cuando llegaron otros amantes que también se marcharon e incluso cuando una noche todos mis arrepentimientos decidieron aplastarme.
Yo lloraba en silencio cuando abrió la puerta...aún estaba ahí, aún era parte de mi, pero estaba por ponerle punto final a todo aquello.
“Gracias por todo, Daira”. fue lo que me dijo cuando echó un ultimo vistazo a aquello que habíamos llamado hogar. Cerró la puerta, escuchó como puso el seguro y sus pasos se alejaron. 
Con los años también me di cuenta de cuánto le dolió aquello, y cuánto se arrepintió después, y tal vez toda su vida (como yo). Porque aunque aquello no iba a funcionar más y terminar realmente había sido lo mejor para ambos, jamás nos volvimos a sentir así: jóvenes, ingenuos, eternos. Jamás le pudo contar a otra persona lo que me había dicho a mi, sobre la hierba y las plantas y todos los tonos de verde que existían en el mundo. Nadie quiso mirar las estrellas y enterarse desde donde podías observar a Sagitario en una noche despejada, nadie quizo cantar en una azotea las canciones de David Bowie con tanta emoción y sentimiento. A nadie genuinamente le importó hacer una colecta para salvar a las abejas, porque si estas se morían, el mundo se iba a acabar. Y nunca volvió a tener a alguien que quisiera salir a las 12 de la noche un jueves, sin reproches y sin necesidad de porqués, sin más que las ganas de mirar la ciudad y ver el amanecer porque aquello era algo bonito. Se acordó de mí cuando se lavaba los dientes y había otra chica esperándolo en la cama. Se acordó de mí cuando preparaba sandwiches porque yo detestaba el queso, y yo siempre los pedía sin queso, por lo que él terminó prefiriéndolos así. Se acordaba de mi cuando esa chica, la correcta, lo abrazaba en las mañanas al despertar juntos. Pensaba que no se había divertido tanto como cuando yo estaba muy borracha en ese concierto de The Pixies al final de un festival de música, y le sostenía el cabello a una chica desconocida para que vomitara sin problemas, porque la chica correcta no hacía esas cosas. Ella salía del trabajo y preparaba una cena deliciosa y le contaba como le había ido aquel día, y no tomaba más que una copa de vino tinto y después se iba a dormir. Pero la chica correcta no era yo, y eso fue algo que, incluso cuando la hizo su esposa, siempre lamentó.

Se acordaba de mi
Cuando pensaba en nuestras pláticas de medianoche, pensé que entonces nos tocaba hacerlo mal en esta vida, para hacerlo bien en la próxima. No se si fuimos almas gemelas, sólo sé que nos divertimos mucho y que habíamos sido lo mejor en la vida del otro.

Aunque Nicolás no murió, creo que entendí por primera vez la nostalgia que mi abuela sentía las mañanas de domingo en la cocina, cuando escuchaba las canciones que solía bailar con mi abuelito cuando tenía diecisiete años. Así como ella,  jamás volvía a escuchar la voz de Morrissey sin cierta añoranza, jamás miré el pasto o el cielo de la misma forma. Pensaba: "Hay tantos tonos de verde: aceituna, agua, cinabrio, clorofila, encina, aguacate, almendra, bosque, esmeralda, eucalipto, hierba, hoja, jade, lirio, manzana, mirto, menta, musgo..." hacia esa lista mentalmente mientras fumaba un cigarro y tomaba un insípido café, por costumbre y aburrimiento. Escuchaba en mi mente la voz que me había dicho todos aquellos nombres. Por nada del mundo quería olvidarla. 
Cuando llovía, cuando lavaba los platos, cuando un hombre me invitaba a salir, cuando alguien quería  casarse conmigo.
Yo a Nicolás lo extrañé toda la vida.

Yo lo extrañé toda la vida


10 oct. 2016

Las margaritas mueren después 2

Me miró y me sacó la lengua.
Aquello me hizo reír. La risa era simple y venía fácil.
Aquella mañana había desayunado avena con miel y fresas en la pequeña cocina de mi casa, con vista al patio trasero, en donde mi abuela dejaba crecer amapolas. Como cada domingo, mi abuela ponía la estación de clásicos, y mientras comía cucharadas de miel, la voz de Joe Stratford envolvía la cocina con olor a fresas. Sonaba “You Belong to me”
— Esa canción la bailaba con tu abuelito — decía mientras contemplaba hacía la ventana con añoranza—nos íbamos todas las noches a las fiestas y mi mamá se enojaba… era un buen bailarín. Si te hubiera conocido te hubiera amado… eres igual de seria y chocosa que él.
En aquel entonces no entendía las palabras de mi abuela. Jamás había perdido a nadie y no tenía mucha noción de la muerte. Era un concepto vago, que tan solo flotaba en el aire pero no era tangible.
— ¿Quieres más fresas?
— No — conteste mientras me lamía los labios llenos de miel.
— Entonces ve a cambiarte y prepárate para ya irnos a la iglesia.
Y ahí estaba, otro sermón aburrido. Pero me gustaba jugar en las escaleras de la iglesia una vez que terminaba toda la ceremonia.
Ese día, antes de iniciar la ceremonia mis padre y abuela fueron a saludar al Padre y me dejaron en los asientos, cuando algo me hizo voltear.
Ahí estaba, un niño rubio de mejillas sonrosadas, más bien quemadas, por el sol. Dos dientes delanteros muy grandes y ojos redondos y café.
Llevaba el cabello más largo de lo normal, con un flequillo que le cubría la frente y vestía una camisa blanca que le iba algo grande.
Me causo gracia su irreverencia. Mi madre decía que era de mala educación sacar la lengua.
— Hola — dijo el niño
— Hola
— ¿Cómo te llamas?
—  Dairia
— ¿Daira? ¡Pero que nombre tan raro? Nunca lo había escuchado — enseguida fruncí el ceño. Odiaba que la gente dijera eso siempre que me conocía — Es muy bonito — agregó aquel niño rubio — Suena como de libro o de poesía
Enseguida volví a sonreír. Aquella fue la primera ocasión en que una persona decía algo bonito de mi nombre, o al menos, la primera vez que yo lo noté.
— ¿ Y tú cómo te llamas?
— Me llamo Joel, como mi papá.
Joel. Me gustó su nombre y me gustó Joel. Siempre hacía amigos en la escuela, y era aburrido siempre hablar con las mismas personas. Para mi, hacer un amigo en otro lugar que no fuese el instituto era todo un acontecimiento memorable.
— ¿Y que vas a hacer hoy?
Justo cuando iba a responderle mis padres llegaron y se sentaron junto a mi, ordenándome. que me volteara, pues iniciaría la ceremonia.
En aquella ocasión, cuando nos dábamos la mano en son de paz, voltee para mirar a Joel, pero mis ojos no lo encontraron.
Salude a todos a mi alrededor pero no le
vi a él. ¿En donde estaba?
Aquella aburrida misa terminó y la gente se levantaba a hablar y saludarse.
Corrí hacia patio de la iglesia y lo ví ahí, jugando a la orilla del pozo que había estado ahí desde que la iglesia se había fundado, hacía unos 50 años.
— ¿Qué haces aquí? — dije
— Si hablas hacia el pozo se escucha tu eco — dijo —mira: ¡Oso! — gritó y se escuchó su voz repitiendo la palabra “¡Oso!”
Me encantaban los ecos. Los buscaba en todos lados y cada vez que encontraba uno me emocionaba y lo que más deseaba era gritar palabras y escucharlas sonar por el aire. ¿Cómo sucedía aquello? ¿Por que mi voz se repetía en algunos lugares y en otros no?
— ¡Bruja! — grité y escuche mi voz repitiendo — “¡Bruja!”
Joel se rió
— ¿Bruja? ¿Por qué “bruja”?
— me gustan las brujas
En aquel entonces fantaseaba mucho. Tenía una imaginación llena de ansias por un mundo más divertido. Quería ser una bruja, quería hacer magia y hechizos y posiciones, y tener frascos con bichos y talismanes protectores. Por eso llevaba un collar y jamás me lo quitaba, decía que era un amuleto de la suerte, aunque en realidad lo había comprado en una tienda de chacharas cualquiera
— Eres muy rara — me dijo Joel — Pero me caes bien. No todo el mundo me cae bien.
— Tu también me caes bien.
Nos encontrábamos a los extremos del pozo y yo miré hacia el fondo. Me pregunté qué habría ahí, me pregunté si alguien alguna vez se había caído ahí y si jamás lo habían podido sacar.
— ¿Cuantos años tienes? — le pregunte
— Trece ¿y tú?
— Doce
— Mmm, ya veo. Yo ya voy en primero de secundaria.
— Yo estoy en sexto, pero el próximo año estaré también en secundario
— Bueno, aún así ¿Quieres ser mi amiga? — preguntó
— Sí — dije sin pensarlo mucho.
A los veinticinco años volvería a pensar en aquella mañana de domingo, mientras lloraba porque mi gato había muerto. Por alguna razón que me exasperaba,jamás olvidé ese día. Jamás pude borrar el verde los árboles, ni el calor de mayo, ni los banderines que colgaban afuera de la iglesia, ni el sabor de los pastes rellenos de carne que mi padre compró para que almorzaramos. Recordaba cada detalle, cada peca en la cara de Joel y lo rosado de mis dedos, y que odiaba pensar que al día siguiente debía ir al colegio, que en la noche mi madre cenó café y cocoles, y yo pizza, y que me fui a dormir a mi cuarto de princesa, con sábanas rosas que olían a lavanda. El beso de buenas noches de mamá y una muñeca de plástico me acompañaban en mi sueños.
— Supongo que te veré sólo los domingos.
— No lo sé. Yo siempre vengo, mis padres me traen.
— ¿A que escuela vas?
— Al colegio Benjamín Hill — dijo Joel
— Yo voy en el Villa Rica
Me miró con tristeza, y sentí sus ojos sobre los míos.
Quería pasar la tarde ahí, junto a ese pozo, decir palabras y que el eco las devolviera, hasta que fuera tarde y lloviera y la lluvia mojara mi vestido y se metiera en mis calcetas, para que al caminar mis pies sintieran el agua entre los dedos y yo imaginara que era una sirena que apenas aprendía a caminar.
—¿Pues están algo lejos no? — añadió Joel
Ambas escuelas estaban prácticamente de extremo a extremo de la ciudad
--Supongo que es por eso que jamás nos habíamos visto
--Supongo --contesté-- ¿Tu escuela queda un poco lejos de aquí no? ¿Por qué vas hasta allá?
--A mi padrastro le queda de camino al trabajo -- dijo.
“Padrastro”, hasta entonces jamás había conocido a ningún niño que tuviera uno, y me parecía más una palabra de cuentos que de la vida real.
--¿Y tú? -- preguntó -- tu escuela tampoco está tan cerca, que digamos.
-- No, ya sé… pero a esa escuela han ido mis hermanos mayores, así que ahí voy yo, y supongo que cuando mi hermano menor tenga la edad, también irá.
-- He oído que es un poco dura -- dijo.
--Sí, lo es. -- entonces me detuve a pensar y dije -- Oye, pero si vienes a esta iglesia entonces tu y yo debemos ser vecinos o algo ¿no?
--Sí --dijo despreocupado -- Me lo parece. ¿Sabias que mi nombre es un nombre de la Biblia?
 Sin más, Joel brincó tres escalones de un solo salto y echó a correr: “¡Tengo que irme!” dijo mientras se alejaba. Lo vi correr hacia la acera. No pude distinguir quienes eran sus padres ni que dirección tomaba.
El sol era bastante abrasivo aquél día, recuerdo el calor que se sentía y la temperatura húmeda de la ciudad, a tan solo una hora de la costa. Los árboles, y el viento que se filtraba a través de ellos, refrescaban un poco el ambiente.
 Ahí me encontraba yo, parada en las escaleras de la iglesa, con el cabello engominado y sostenido en dos coletas como a mi madre le gustaba peinarme, con un vestido azul y una blusa blanca debajo, con zapatitos negros como de niña pequeña, el último par que usé antes de entrar a la adolescencia y decidir que aquello ya no me iba. Pero ahí estaba, parada, desconcertada. ¿Quién era Joel? ¿Por qué me había hablado de la nada? ¿Por qué había aparecido de repente en mi vida? Fue la primera vez que me hice esa pregunta. Sentía curiosidad. De repente, quise que otra vez fuera domingo.


5 oct. 2016

Las margaritas mueren después

Hacía pocos días que había muerto Enrique Nuñez, un compañero del trabajo. Había sido un accidente desgraciado. Le habían asaltado en la orilla del malecón, a eso de las tres de la tarde, unos dos o tres tipos. Querían su camioneta, no sabíamos si se opuso o sedió, de cualquier forma, por estos días ya nadie estaba seguro de nadie, y pese a todo, le dispararon. Quedó tendido en la playa, hasta que alguien lo encontró, pero la bala le perforó un pulmón y murió antes de que pudiesen ayudarlo.
Dejó a una niña esperándolo en casa y a su mujer. Era un buen hombre, de vibra ligera y buen carácter. Jamás tomaba, ni se iba de pinta. Quería a su familia y trabaja para ellos. Ambos trabajamos en el departamento de Planeación Ambiental, de una ciudad cada vez más acabada y más abrumada por edificios y emociones de gas, donde el mar se teñía de negro cada que un Ingenio Petrolero sufría un derrame y donde las hermosas especies endémicas estaban en peligro de extinción y sin miras para recuperarse.
El viejo Hotel Margón, alguna vez un imponente edificio que atrajera a los altos funcionarios del Estado, ahora se encontraba descolorido, un amarillo pálido y sucio cubría sus paredes y los rótulos de las ventanas parecían discordantes ante las nuevas cadenas de hoteles que se habían adueñado de la orilla de la playa que antes ni siquiera formaba parte de la ciudad.
“Menú del Día 120 pesos” decía “Pase Ud.”. En ese viejo Hotel mis padres conocieron a Enrique, cuando tenía unos 17 años, tal vez, y trabajaba de mesero como castigo por chocar el automóvil de su padre estando algo borracho, Enrique era el hijo del dueño de una cadena de tiendas importantes por aquél entonces. "Era un niño lindísimo" decía mi madre "Era travieso, como todos los niños de familia, pero después de unos buenos cinturonazos se compuso"
Y en efecto, era alguien que no le hacía daño a nadie y que no merecía morir de la manera en que lo hizo.
Cuando mis padres lo conocieron yo ni siquiera había nacido, y sin embargo, ahora me encontraba en la Iglesia del fraccionamiento donde pasé la infancia y mi adolescencia, y donde toda la sociedad de alcurnia de Miraflores vivía, despidiendo a un hombre con el que había comido de vez en cuando, trabajado y saludado cada mañana en aquél edificio donde nuestras oficinas se encontraban.
El fraccionamiento como quiera, también adolescía, y en unos diez años, calculaba yo, que vivir ahí dejaría de ser tan cómodo como alguna vez había sido. Cada vez más comercios y menos uso de suelo exclusivo para casa habitación. Surgían nuevas opciones, nuevos complejos habitacionales, pero recuerdo lo que mis padres decían: “Esos nuevos fraccionamientos son una porquería, no tienen ni fuentes, ni esculturas, ni jardines ni camellones tan amplios como los que tenemos aquí, y esas casas son muy pequeñas, es para gente que quiere pasar ‘bien’, pero no lo es.”
Vallelindo, como se llamaba el fraccionamiento, veía el ocaso, las grandes casonas poco a poco se iban extinguiendo y se vendían para volverse comercios, el tráfico llegaba a las calles y la gente se mudaba a La Herradura, Monte de Plata, o cualquier otra opción lejos del bullicio citadino.
Pero la iglesia, esa iglesia que tantos domingos había sido centro de reunión, de vida social y porque no, de comidillas de los adultos de una pequeña ciudad (de entonces 10,000 habitantes) aún seguía ahí, y aún seguía siendo la opción que la gente bien elegía para ser feliz en bautizos y bodas o para llorarle a sus queridos difuntos, difuntos que podía pagar un llanto donde el maquillaje que se corría era Lancome, un llanto siempre mejor que el de las viudas que pierden todo cuando pierden al marido, quien no había terminado de pagar la humilde casa de lugares como Las gaviotas o Playa Bonita.
Las viudas de Vallelindo sufrían la ausencia nada más, y después, recibían la herencia, el dinero del seguro, todas las propiedades y el apoyo de los amigos que venían regresando de Londres o España y les ofrecían canastos con comida y flores carísimas, para que sus corazones se consolaran un poco. Sin mencionar el “lo que necesites, tú dinos”; que si llevar a los niños a la escuela, o recomendarme algún buen decorador de interiores para cambiar el tapiz de la casa, pues el antiguo guardaba demasiados recuerdos.
En aquella Iglesia me encontraba yo sentada, con vestido y zapatillas negras, despidiendo a Enrique Nuñez, amado padre y esposo, hombre que mi madre (y hasta mi abuela) conoció cuando ella tenía mi edad y él era un niño, y después, porque aquél era un pueblo pequeño de donde la gente nunca se iba, compañero de trabajo mío.
Cuando salimos de la misa y terminé de saludar a Marilú, su esposa, sentía un horrible vacío en el estómago. Mire el cielo azul, eran finales de septiembre pero estando tan cerca de la costa, todavía teníamos días buenos y soleados. Era un septiembre como todos los septiembres que habían pasado en mi vida, excepto cuando me fui a la Universidad Nacional a estudiar la carrera, los cuales pasaba lejos de Miraflores. Y el cielo era el cielo que siempre había observado, los pájaros parecían los mismos, excepto que muchos habían muerto ya, mientras que yo, aún estaba ahí, envuelta en ese tumulto de llantos y trajes negros, viva, viva, viva.
Recordé los días que pasé en Dinamarca, cuando me fui de intercambio en la universidad. Recordaba el idioma de los daneses, tan lleno de ‘jotas’, ‘erres’ y ‘tés’. Era probablemente la única persona en Miraflores que hablaba danés con fluidez. Recordaba los viajes de fin de semana que hice a Noruega y Suecia, y la semana que fui a Islandia con dos amigos. Recuerdo que tuve sexo en Islandia con un hombre que jamás volví a ver en mi vida, aunque en los días que estuve ahí, me prometió llevarme a París y casarse conmigo. Seguramente yo era la única persona de Miraflores que había tenido sexo en esa puñetera isla que era Islandia. Islandia tan congelada, y nosotros, en Miraflores, muriéndonos de calor cada verano, friendo huevos en el cemento de las calles, como los islandeses jamás sabrían. Los islandeses ni siquiera sabían el nombre de nuestra ciudad, ni la existencia de los miraflorinos, y sin embargo, yo había dejado un poco de mi ahí, un poco de Miraflores se quedó en las sábanas blancas de una casita islandesa.
Entonces, de la nada, como pasa cuando alguien se muere, recordé un evento agradable de mi vida. Lejano, y feliz, que me dejó un dulce sabor en la boca, como a miel con pan, después de haber ocurrido.
En aquella misma iglesia, años atrás, cuando no sabía lo que mi juventud depararía ni la tristeza que poco a poco se acumularía en mi corazón, conocí a Joel. Jamás olvidé su nombre, jamás olvide su cara, su rostro que me vio con el alivio y la alegría de ver a alguien que no veías en años, no olvide que amarillo era el sol ese día, cómo se filtraba por las ventanas de la Iglesia cuando voltee a mirarlo y me dedico una sonrisa, y me sacó la lengua, y me sonrió de nuevo. Ese momento fue una felicidad inocente, e inconsciente. Fue una felicidad breve que no recuperé jamás.




...continuará...

Hey, como ven estoy escribiendo un poco de ficción ahora. Muchas gracias si lo han leído, espero poder subir otro capitulo y terminar esta historia!

16 sept. 2016

What happens when you miss someone: we know by the stars that we aren't too far

"I don't believe it but I guess it is true, some feelings, they can travel too" - Florence Welch



La última canción de Florence + The Machine casi me saca las lágrimas después de un verano tan maravilloso, y ahora que llega el otoño viene la retrospectiva, los días...que caigan ojos, que los recuerdos perduren pero también se sientan más distantes que los primeros días que estuvimos lejos. Es muy extraño lo que ocurre cuando alguien toca nuestro corazón; nosotros, los que somos simpáticos con todos pero a los que realmente no nos importa nadie, a los que nos gusta estar solos y con un buen libro más que rodeados de gente o en fiestas, o los que besamos a cualquiera porque "un beso es sólo eso, y no significa nada", un día encontramos a alguien distinto y ya no queremos estar con nadie, y tampoco nos apetece estar todo el tiempo sólo y a veces hasta fantaseamos con que esa persona esta cerca nuestro, y pensamos como sería tomar el bus con él o ella, desvelarnos estudiando juntos o ir a una fiesta y sólo bailar con esa persona. Ya no queremos besar a nadie, y aunque el mundo gire en torno nuestro y sintamos que cualquiera querría salir con nosotros, aunque recibamos tantos mensajes al día de fulano y zutano, sólo queremos salir con uno, sólo esperamos el mensaje de alguien, alguien lejos, alguien a quien no podemos ver ni mañana, ni el fin de semana, tal vez ni una vez al mes porque las distancias son terribles...pero como decía la canción de Death Cab for Cutie: "but we've got trains and planes and cars"; y en efecto, haríamos ese viaje de 22 horas para estar con esa persona.

De mis temas favoritos en el arte es la distancia... Para empezar ¿qué es? ¿que ideas implica? ¿que conceptos se le atañen? ¿Cómo llegamos a imaginar algo tan abstracto, invisible y aún así, tan presente? Yo sé que cuando era una niña la distancia fue eso que me hizo crecer, si por crecer pensamos en la educación sentimental y el entender como estos sentimientos duelen, lastiman: la impotencia, la desesperación...y es que no por ser niños somos estúpidos, y ay, cómo supe, cómo supe cuánto duelen ciertas distancias. Pero hay muchos tiempos de distancias: distancias espaciales, temporales, emocionales... Puedes estar junto de alguien y sentirlo lejano, si ya no compartes nada con esa persona, o lejos físicamente, pero muy cerca si tus sentimientos son fuertes, o lejos y cerca a la vez, lo cual desgarra. Bueno, yo creo que todas las distancias desgarran. Y por eso se escriben canciones, se filma películas, intentando sanar esas heridas...porque sabemos que inevitablemente que la falta de proximidad implica cambios a lo que alguna vez fue cercano, a lo que alguna vez tuvimos entre nuestras manos y ahora queda sólo en un recuerdo....



En chino, para decir 'distancia' se juntan los caracteres jù (aparte) y lí (lejos); distancia 距離 se dice jùlí, estar lejos y estar aparte. ¿Y qué esta lejos y qué está aparte? Una risa, el calor de la piel, unos labios, unos ojos, sentir... eso es lo que más nos frustra ¿no? No poder sentir a la persona fisicamente, y no tener su día a día, dailiness, como dicen en inglés-- no ser parte de esa cotidianidad es lo que nos mata un poquito... y claro, podemos estar presentes gracias a las redes sociales: Facebook, WhatsApp, WeChat, mandarnos un mensaje de voz y tener un cachito de esa persona... un mensaje en inglés porque esa persona no habla tu lengua ni tú la suya... entonces ahí tenemos otra forma de acortar distancias: con las palabras; y ya no quieres decirle 'I love you', quieres decirle como sea que se diga en su lengua, para que lo 'sienta', para que 'signifique más'. 

Love from a Distance by Rene Magritte
Pero probablemente, lo que más me impresiona (aún) de las distancias es que implican existir. Existir para alguien y que alguien exista para ti, alguien a quién jamás imaginaste, ni pensaste...ni su forma de reír, ni su forma de querer...que fue la mejor forma de querer. Cuando tenía ocho años pensé en eso por primera vez (no pregunten por qué); no lo hice en voz alta, pero me parece que caminaba por el parque de la mano de mi madre y pensé..."tal vez en este momento la persona que va a ser mi esposo está en otro lado, con su mamá, y no sabe que yo existo, y yo no sé como es él, y no se cómo es su cara, ni cómo un día, voy a saber que existe"...algo así me cruzo la mente, y en efecto, en algún momento conocí a alguien a quien no tenía por que conocer, ni el más remoto chance, pero así fue... y tal vez nos enamoramos y fue muy raro, que mis labios se juntaran con sus labios, que por un momento no hubiera ni un espacio entre nosotros, que los más de 13,000 km entre nosotros en un instante no significaran nada, que fueran nada. La distancia era cero, y estábamos ahí, en un momento, en un lugar que no era nuestro hogar, ni nuestras calles, ni nuestra dailiness, sólo para encontrarnos y saber de nuestra existencia. Y entender, y reír, y querer... y la reminiscencia, lo que recuerda que eso fue real es extrañar y que tu corazón esté en México, pero también al otro lado del mundo.
'Recordar' viene del latín re (volver) cordis (corazón), recordar es volver a pasar por el corazón...aunque yo me pregunto si algunas cosas en verdad se van. Por otro lado, 'extrañar' viene de 'extravenare', de 'extranus' (de fuera), aunque después se utilizó para describir que algo se sentía fuera de lo habitual... ¿y no la vida se siente diferente cuando "extrañamos"?, porque extrañar es no tener a esa persona en lo habitual, extrañar en verdad no es pensar en alguien cuando estás sólo a las dos de la mañana, sino cuando estás en la escuela, el bus, lavando los platos o divirtiéndote, y quisieras que esa persona estuviese ahí, porque te habituaste a ella... Aún así, a mi me gusta mucho más el francés: 'tu me manques', es como ellos dicen 'te extraño', pero literalmente 'tu me manques' significa 'tú me faltas'... y sí... tú me haces falta, y por eso no dejo de sentirme así... incompleto, no porque mi vida gire en torno a ti, si no porque eres una de las partes más bonitas que tenía... y ahora, bueno, hablamos un rato, nos damos los buenos días o las buenas noches y después debemos seguir con nuestra vida diaria, esa vida que se siente extraña, fuera de lo habitual... Y nos ponemos tan celosos de las esquina que ven a nuestros amores pasar cuando caminan, y del autobús que siempre los lleva a casa, y de los edificios que presencian su caminar de diario... 
Pensar que un lugar tan, tan, tan apartado de ti ahora signifique tanto, sólo por alguien... eso es raro, porque entonces la distancia en cierta forma se borró ¿no? Más bien, esa distancia no impidió que sus existencias coincidieran...y entonces más de 13,000 kilometros ya no bastan para mantenerlos 'lejos' y 'aparte', porque siempre se mandaran una foto, y un 'te quiero' antes de dormir... tal vez estarán lejos, pero no aparte, ya no.
Como dijo Amparo Dávila, estar lejos significa que muchas veces los besos sepan a despedida, pero las despedidas ¿qué son? En español decimos 'Adiós', es como que encomendamos a esa divinidad 'Deus', a la persona, queremos que esa persona, esté donde esté, esté bien, y protegida, puesto que no podemos estar nosotros ahí para cuidarla. 
Me gusta que en Chino la despedida es 再见 (zài jiàn), zài significa 'otra vez' y jiàn es 'ver', así que en chino no dices realmente adiós, dices 'te volveré a ver', y sí, eso es lo que más quiero ahora que estamos ya tan lejos: volverte a ver.

1 sept. 2016

Edimburgo: a place that exists only in moonlight

Salimos de Manchester a eso de las 2 de la tarde después de comprar comida en un M&S o Sainsbury, se me hizo super cool escuchar a The Kinks en el súper, cosa que en México jamás me ha pasado y tal vez nunca me pasará... ah, extraño tanto la vibra del Reino Unido... en fin.
Dejamos el depa en el que pasamos la noche 4 chicos y yo, nos subimos al auto que rentamos en Thrifty y entre risas, cabeceadas y Justin Bieber llegamos a Edimburgo como a las seis de la tarde. Entregamos el coche en el aeropuerto de Edinburgh y compramos un ticket para el tren, hasta llegar a la estación más cercana al edificio donde nos quedaríamos el fin de semana. Era viernes, Scott se fue por su cuenta y nosotros llegamos después. Toda una aventura encontrar las llaves y el modo de entrar pero lo logramos, tras una lluvia torrencial, quisimos salir y conocer Edimburgo, pero fue simplemente imposible: hacia frío, teníamos sueño, estábamos aún empapados...en fin. Después de comer mac-n-cheese pies nos dormimos al 100.
Fuimos muy suertudos pues llegamos justo cuando comenzaba el Fringe Festival, el festival de artes más grande del mundo! Había shows y tours, comida, actividades, gente de todo el mundo disfrutando del verano...aunque déjenme decirles, el clima era frío y nada que ver con el soleado Londres en julio.
Aún así, me enamore de las calles y edificios escoceses, del museo nacional, los parques, las casas, del hermoso centro de la ciudad, de los autobuses con wifi... pero sin duda lo mejor fue la compañía...como dicen no es a donde vas sino con quiénes vas.
Nos topamos con Jason, un chico de la escuela que también fue a Edinburgo ese fin...ah, pero que pequeño llega a ser el mundo a veces. Pequeño y maravilloso. En ese entonces estábamos tan cerca, y no voy a mentir, mi corazón ahora está en muchos lados, quisiera estarlo.
Pienso en el hermoso verano, diferente...he sido suertuda de tener buenos veranos, los de amor, los de viajar, los de la playa...tuve la suerte de que la vida me sonriera...pero este, con 21 años...hay algo diferente en tener veintiún años y conocer amigos de todo el mundo, estar en una ciudad que siempre habías deseado conocer y llegar y enamorarte de lugares que nunca se te habían pasado por la cabeza.
Me encanto Escocia, no sé porque jamás se me había ocurrido ir a Escocia, pero me alegra tanto haberlo hecho.

De hecho, me ha pasado por la cabeza irme un rato a la Universidad de Edinburgo...ah, pero hay tantos lugares aún por ver...aún así, creo que los veranos de la juventud son los mejores veranos.
En fin, vimos algunos shows: BRIEFS y a Lacey Diamond, muy divertidos, aunque no apto para menores de 18! hahaha, comimos la streetfood típica del Reino Unido, o sea, comida de cualquier lugar del mundo menos U.K., porque eso sí, la gastronomía británica no es la gran cosa después del Fish and Chips y el Shepherds pie; lo que sí: en Escocia tuve el mejor café y pastel de mi vida, y unos deliciosos Macarons mientras nos resguardábamos de la lluvia.
Es una ciudad donde grandes pensadores vivieron, donde Walter Scott y J.K. Rowling escribieron sus mejores obras, donde la gente es linda y el clima impredecible... aún así, me encantó, amé esa ciudad y wow, sí, amaría volver un día, aunque sea de Nanny...
Les confieso que he pensado tomarme un año sabático y ser aupair, seguramente elegiría Francia o Suecia, pero yo supongo que Francia, aunque ¡auch!, debo ponerme a estudiar bien bien el francés.
Ya les contaré mis aventuras con la lengua franca en otra ocasión... La verdad, tengo muchas ganas de subir algunos contenidos relacionados con los estudios, y sí, ponerme al cien con el Francés.
nota: ya comprar el Illustrator y Photoshop...los extraño y los usaba muchísimo...¡uno nunca debería dejar de hacer lo que le hace feliz!
Lo que me recuerda la enorme lista de lectura que tengo tan sólo para la próxima semana, lo que explica la falta de post, pero no se preocupen, hay memorias británicas para rato, así que espero subir pronto fotos de  Brighton y Dublín... también fui a Bath, The Costwolds y Oxford, pero tomé menos fotos, así que yo creo las combinaré en una sola entrada.
Si pueden, no duden en visitar Escocia, les juro que se enamorarán de tanta literatura en sus calles, de la lluvia y el chocolate caliente, de los pastos, los callejones, los restaurancitos, la vida.


Todas las fotos fueron tomadas por mi con mi iPhone 6

31 ago. 2016

i want to exist everywhere. cities dappled with pastel-colored houses, hands grazing soft yellow fruits in markets, a blur of conversation in a crowded train station. i start to think in another language and my mother tongue is gauzy, a rosewater aftertaste. mornings are heart-fluttering awakeness, a rich yellow. i am seated at a café. warm, dark, acidic tastes and smells. girls in soft-fluttered skirts, bronze-shouldered, are reading wilde, shakespeare, dickinson. i take pleasure in people-watching and creating names, narratives and dreams for strangers that i will never meet. i bite into something filled with raspberry, tart and bright. afternoons are alive, a brilliant red. museum-wandering. an exhibit of gold egyptian jewelry. marble sculptures of goddesses. coiling, dreaming japanese pottery. navigating maps and asking for directions in a language that feels clumsy on my tongue, dipping in and out of memory. night is the deepest, most passionate indigo. outdoor concerts, that last farewell after midnight. the stars are a brilliant tapestry. everything glows and bursts. collapsing into bed, i am at ease. my heart is silvery birds’ wings, I think about the endless sunsets, the brilliant sunrises, my friends, mis amigos, I miei amici, meus amigos, 朋友... 

And indeed... The stars look very different today


20 ago. 2016

Full English Breakfast @ Manchester


Las fotos las tomo porque me causa placer mirar una escena en la que algún momento estuvo presente, al rededor de esa mesa, estaba cansadísima por un viaje de 4 horas, más 1 o 2 horas en lo que llegamos a Heathrow y esperamos un carro que nunca llegó, hasta que decidimos tomar un taxi, con un taxista que no era muy fluido en Inglés y con quién fue un show comunicarnos para decirle que nos dejara en las oficinas de thrifty, donde rentamos un coche en el que compartimos canciones, risas, bromas y sueño. El olor de una nueva ciudad es algo que siempre atesoro, especialmente, porque es algo efímero. Aún así, al estar en otro lado, siempre inhalo profundo. Sé que el mar de Cancún, al sur, huele diferente al mar de los Cabos, al norte, y al mar de Canada, a las orillas de British Columbia, y sé cómo huelen las cataratas del Niagara y cómo las cascadas de Yipantla. Es algo extraño, pero aunque sea, una parte de mi cerebro en algún momento lo supo, en algún momento estuvo seguro de eso. Pero eso es algo más romántico que realista... aún así, el sabor de las zarzamoras y la crema recién hecha, del pan francés que compartí en Manchester, aún lo siento cerca, aún puedo saborearlo y recuerdo lo rico que fue. 

Con 20 o 21 años, 4 chicos y yo, catábamos canciones de High School Musical en las carreteras del Reino Unido, porque era ridículo, porque siendo niños las cantamos o las odiamos, y ahora, estábamos con personas de zonas tan lejanas las unas de las otras (México, Portugal, China y Malasya) conviviendo en un mismo lugar, en ese pequeño pedazo de tierra... siempre se me ha hecho algo surreal eso, conocer a alguien... ¿por que él? ¿por qué entonces? ¿No piensan ustedes en eso? Todos los que llegan a nuestra vida, llegan sin razón, y sin embargo, afectan nuestra perspectiva, nuestra forma de ver las cosas... con algunos convivirás unos meses, con otros años, con algunos, pese a los años, no desarrollarás ningún vinculo especial, con otros, sentirás que han sido amigos de toda la vida.





Extraño mucho la risa de Scott, su forma de ver las cosas y la vida, su alma, muy amable y linda. El sentido del humor muy extraño de Mark, creo que el y yo somos similares en muchas cosas y creo que juntos seríamos terribles... es de esos amigos que me gustaría encontrarme todos los días en la cafetería de la escuela, mirar la tele y fumar. Freddie, tan lindo conmigo, caminando por las calles de Londres a la media noche, es de esos chicos con los que quieres estar siempre. Diogo, los chistes entre él y Scott, y que jamás supimos qué era broma y qué era en serio, y que siempre me ayudaba a alcanzar los lugares más altos, el media 1.95 y yo 1.54, así que, era de esas amistades en donde las diferencias no importan; y él era portugués, así que hablar en inglés, español o portugués era de lo más divertido. Me gusta que los idiomas se parezcan, siento que te acercan a las personas. Pero también me gusta el chino, resulta tan desconocido y extraño para mí, y para Scott, Freddie y Roger era cotidiano y natural, y yo simplemente sigo pasmada.

Cupcakes del Street Food Market
Roger no pudo acompañarnos en este viaje porque se reunió con unos amigos, en fin, yo quería ir a país y acabé en un coche con estos cuatro chicos hacia Edinburgo.
Dormimos en Manchester, ellos compartieron la cama y yo dormí en un sillón, porque soy una chica y qué raro dormir con chicos, jaja, algún día esas normas de género acabará, espero.
En fin, después de creer que moriríamos en una aventura tipo 'Hostal', el lugar donde dormidos resultó más que lindo. Nos fuimos a un club 'Revolución Cubana', la música era latina, que si me preguntan, es la mejor música para bailar...Escuchar a Maluma y la canción del 'taxi' en UK era un poco surreal... son las canciones que escucho en los departamentos de Copilco con mis amigos de la universidad cuando intentamos emborracharnos, pero ahí estaba, en ese país que siempre quise conocer, desde que tenía unos diez años y descubrí a los Sex Pistols y The Kinks; en fin, nadie baila como las latinas, así que me divertí muchísimo tomando vino blanco y bailando reggeaton y salsa con chicos que no saben bailar ni reggeaton ni salsa. Al día siguiente fuimos a desayunar a una cafetería en donde tomé un 'English Breakfast', que consistía en huevos, champiñones y un bagel, nada de salchichas ni cosas de esas porque no me gusta la carne. Caminamos un poco por Manchester, una fisonomía diferente a Londres, tranquila, industrial. Aún así, creo que Manchester es un gran lugar, y la música que ha salido de ahí ha llegado a ser tan irónica que durante una explosión artística toda una corriente llegó a ser conocida como 'MADchester', y seguro que han escuchado a de The Stone Roses, bueno, pues ellos son de ahí, igual que The Happy Mondays, que llegué a escuchar en mi preadolescencia, y de The Charlatans UK, pero aún mejor, Manchester es el hogar de The Smiths y New Order, y hay algo raro y mágico en caminar por las calles de tus artistas favoritos, pensar que ahí crecieron y ahí vivieron el día a día. Hay algo que hace que mires la ciudad distinto, cuando sabes eso, cuando aprecias eso. Para los chicos era diferente, ellos estaban más emocionados por el football, yo, pensaba en Johnny Marr y Morrissey de chavales, aburridos y enojados con la vida, una vida que no era mala. Si lo comparas con México... bueno, todo es difícil, pero escuchar disparos, saber que hay gente sin cabeza en un coche cerca del centro comercial porque el crimen se salió de control... y aún así. 

En fin, Manchester, a pesar del poco tiempo que pude verlo, me gustó mucho, y me pareció que había tranquilidad ahí. Fuimos a un StreetFood Market, vimos unos cuantos libros usados, compramos algo en un Tesco o un Sainsbury, ya no recuerdo, y nos subimos al carro para seguir hacia Edinburgo, viaje del cual les contaré en la próxima entrada.


"Take me out tonight
Where there's music and there's people
Who are young and alive
Driving in your car
I never never want to go home
Because I haven't got one anymore"

Y en efecto, eso hicimos, aprovechando la brevedad de la juventud y de la libertad del verano, antes de volver a clases, antes de continuar con el día a día. Pienso un poco en todos nosotros y en como seremos en unos años, ¿con quién nos casaremos? si es que lo hacemos... ¿Dónde trabajaremos? ¿Dónde estaremos? Aún pienso en lo que me dijo Mark mientras estaba en el aeropuerto 'See you one day'; espero que sí, espero que 'one day', llegue pronto, espero que 'one day' se acompañe de un 'very soon', porque eso es más un hasta luego que un adiós. Porque nunca me ha gustado decir adiós, incluso de otras personas que ya deberían estar muy en mi pasado, incluso a esas, quiero volver a verlas... 'one day', aunque se una coincidencia estúpida, y volver a existir de nuevo, al mismo tiempo, y en el mismo lugar.

15 ago. 2016

All my pictures of you

Looking so long at these pictures of you 
but i never hold on to your heart 
...There was nothing in the world
that i ever wanted more
than to feel you deep in my heart
there was nothing in the world
that i ever wanted more
than to never feel the breaking apart
all my pictures of you



Mientras sufro el jetlag intento mantenerme despierta con un café y escribiendo estas líneas... después de tantas cosas, de tantos sueños, por fin fui a Londres, Inglaterra y todos esos lugares de donde mis escritores favoritos, mis bandas favoritas, paisajes y estilos que tan sólo en películas había visto, provienen. Fui a los museos de John Keats, Jane Austen, Charles Dickens...miré las pinturas de William Blake y los Prerrafaelistas, comí fish & chips, saboree un helado en Hampstead, sentí la melancolía y la felicidad del mar, del mar de Brighton, reí, amé, viví... Y es muy difícil, las palabras no me salen ahora, no sé ser elocuente, he expresado mi amor y mi nostalgia en inglés estos días... las conversaciones aún están muy cercanas, el recuerdo de Camden Town, de los buses rojos y de mis amigos y yo corriendo por el Buckingham Palace hacía el Parque St. James aún se ven claros, aún siento el calor de su piel, aún puedo escuchar su voz... hasta que se apague, y no quiero pensar, ni puedo pensar, cómo será mirar atrás en varios años; todos esos niños lindos, todas las risas, las caminatas a las tres de la mañana por Euston y hacia Mornington Crescent después de estudiar en la biblioteca de la University College London, la música y las luces del Ministry of Sound, el sabor a cerveza, a limón, la euforia, la tristeza, la felicidad, las conversaciones llenas de acentos de todas partes del mundo, aprender palabras, escuchar canciones de Italia, de China, abrazar a alguien que nunca da abrazos, bailar con alguien que nunca baila, tomarnos fotos, sentirnos afortunados, porque nos tocó la parte buena de la vida.


Caminar por los museos, comer en Bloomsbury's Farmers Market, mirar por primera vez ciudades, escuchar a Swim Deep en el parque mientras mi corazón sentía una espinita cuando le dije adiós a Debbie, Nicolò, April y Yuye...pensar que vimos juntos la EuroCopa tomando Guiness, que nos hicimos amigos de la vida en sólo unas semanas, jamás querer que se acabara eso.
Es muy difícil, mi corazón se enamora de las personas, de los momentos felices, y los atesora, y los extraña, y siente demasiado... demasiada felicidad, demasiada alegría, demasiada bondad... no es malo sentir, ni dejar sentir al corazón, aunque por lo mismo se esté más triste que el resto.
Hicimos la ciudad nuestra, la ciudad que después de un fin de semana fuera se sentía como nuestro hogar. Ir a la escuela en la planta alta del bus rojo, ir a cenar a Piccadilly, pasear por el Millenium Bridge, ver la catedral de St. Paul y el Big Ben dos o tres o cuatro veces por semana, gastar nuestros últimos 5 pounds en el vino más barato y aún así, sentirnos the richest kids in town.

by Dabbie Tan
Viajes a Manchester, a Edinburgo, a Dublin y Brighton; Stonehenge, Bath, Oxford, The Cotswold... y prometernos volver.
Freddie se quedó con mi suéter, y yo sólo pienso que me gustaría existir en todos los lugares a la vez, y pienso que amo México, que es la tierra en la que crecí, la comida que probé y aprendí a cocinar, el lugar en donde me enamoré, donde construí sueños, amistades... pero pienso en tantas cosas... los colores, las sonrisas, la corrupción, la muerte, el huapango, Tlaloc y la lluvia, y las montañas, y el miedo, la inseguridad, la misoginia, Diego Rivera, Siqueiros, Kahlo, la pobreza, el Palacio de Bellas Artes y amar(te) duele, el español, lo chido, lo chafa, los churros, los chavos, las chanclas, los huaraches, las chácharas, oi!, mate, momma, punk, madame, darling, sure, yes, bloody, saints, beer and "you look so beautiful tonight", "can you lend me fifteen pounds", "you are very funny", "it's because she's mexican" "you are such a party animal!!" "have a safe flight!"... mi corazón está dividido... sólo quiero volver a sentirme tan feliz como en Londres, comer rico, querer como quise, sentirme liviana, diferente, llena de amigos, sueños, metas... qué miedo, pero que ahí se veían tan reales y posibles; todo, todo era posible, los sueños eran nuestra cotidianidad, los anhelos no invadían las sábanas.


En Heathrow comí en el restaurante de Ramsey, el mesero que me atendió era portugués y hablaba español.
--- Yo tengo un amigo de Portugal
--- Ah, ¿sí? ¿de qué parte?
-- De Lisboa; hablas muy bien el español
-- Pues se parece mucho al portugués, no es difícil... ¿Tú hablas portugués?
--No, no...pero mi amigo me enseñó una palabra... 'Saudade', no tiene traducción en ningún idioma.
by Mark Balmes
-- Sí, sólo existe en portugués... es parece describir la melancolía, pero diferente, es una nostalgia por momentos muy hermosos... ¿eso es lo que estás sintiendo? -- preguntó el mesero, entendiendo mi juventud, mi verano, mi ser dejando atrás algo tan bonito y que, mientras estaba en el aeropuerto aún existía, pero a la vez, ya se me escapaba de las manos... eso es 'saudade' y los que hablan portugués lo entienden, como nosotros sabemos la diferencia entre 'te quiero' y 'te amo'... y el te quiero es ese amor para los amigos, un amor muy lindo y muy puro, que no se complica, que es siempre bonito... y sí, los quiero, y a Londres, a Londres tal vez lo ame porque en esa ciudad que fui tan feliz y también la que hoy me genera la tristeza de decirle adiós a algo que no vuelve a ser igual.

Un amanecer en el London Bridge, un 'farewell', un abrazo y un corazoncito que luchaba por no desplomarse mientras en una cocina, llena de chicos de todas partes del mundo, de no más de 21 años, con ganas de comernos al mundo, compartíamos una bella última vez que tenía más sabor a 'hasta mañana' que a 'hasta nunca', porque de verdad, después de algo así, siempre querrás que tus caminos se crucen otra vez, y siempre querrás decir 'Hola' otra vez... Hola, ciao, hello, ni-hao...saudade, te quiero, tu me manques... y gracias por todo, y gracias por tanto.
Taking pictures of you
Such a wonderful thing to do 

Esperen más fotos y más relatos de mis días en Londres, con mucha nostalgia, como siempre.