21 dic 2021

Mi mamá.

 Mientras leo Pizza y Yogurt pienso en mí. Por más que intentemos no serlo, somos seres egoístas. Leo otra voz solo para regresar a la mía. Aunque he intentado no ser esa clase de persona, aunque intento regalar sonrisas y ayudar al prójimo, al final estoy tan metida en mi mundo como cualquiera otra mujer.

Los 25 de diciembres siempre son un día difícil. Estoy cansada de escuchar la voz de mi madre como un sermón, estoy segura que ella también está cansada de todo y pienso el día que ya no pueda recordar su voz. Podría guarda un audio de WhatsApp por siempre, aunque en ese audio me esté reprochando algo o llorando inconsolablemente, ese llanto que me pesa tanto y que me frustra. 

Ella nunca falla en recordarme cuando ya no esté. Creo que a pesar de todo jamás estaré preparada para eso. La psicóloga me dice que debería escribir un cuento sobre ella, yo pienso en todas las veces que hemos estado lejos y lo feliz que yo he sido, pero pensarla sola y triste me remuerde la conciencia. 

Un día ella no estará y no se qué haré. Me dice que quiere hablar conmigo, pero no quiero escucharla, me da miedo lo que vaya a decirme, estoy cansada de que siempre tenga tantas cosas que decir, estoy cansada de escuchar y escuchar y en ese intervalo jamás tener oportunidad de hablar. Con mi madre aprendí que no se puede hablar, que hacerlo es malo, que expresar una idea es faltar al respeto, entonces preferí quedarme callada. Jamás le digo nada, jamás le cuento nada o muy poco. No quiero que su charla invada lo que es más mío. Todos mis secretos. Una vez pensé "a una mujer la hacen poderosa sus secretos, lo que no le cuenta a nadie." No sé porque pensé en una frase así, no sé que poder sentía al pensar que había algo que solo era mío, las veces que he compartido algo con ella solo recuerdo el llanto y la desesperación, pocas veces recuerdo haberme alegrado por contarle algo. Tal vez por eso quería irme lejos, muy lejos, muy lejos. Respirar. Sentir que podía respirar incluso bajo el agua.

Aún así, una parte necia de mi quisiera decirle cosas y espera que ella escucha. Otra parte está cansada, otra parte piensa que es tonto, no sabe porque me esfuerzo si en el silencio estamos bien, si hay personas con las que hablar no es malo. Ella no va a cambiar, ella no va a entender ¿por qué intentarlo siquiera? In her life everything is alright, she did everything right, what right do I have?

Bueno, así es la vida. Bueno, así son las cosas. Bueno, ya basta.

Ahora en año nuevo será ir y verla y abrazarla, y ella llorará y me dirá que quiere formar una familia grande. Patrañas, patrañas, patrañas. Ella siempre dijo que le daba igual ser abuela, y ahora quiere que yo vaya allá y que nuestras familias se unan, por favor. Qué cansancio. Eso es todo lo que pienso al respecto, que hacer eso me dejaría exhausta. No entiende que alguien sea feliz solo, pero es que toda mi vida me he sentido sola, toda mi vida sentí que nadie me escuchaba y en ese silencio encontré una casa y una felicidad que es mía, la hice mía, no quiero dejarla. 

Mi mamá, una mujer extraña sin duda. Algunos psicólogos dicen que lo que pasó es que sufrí abuso, que por eso me es tan difícil alejarme del todo, o que por eso siento remordimiento, porque quien me cuidaba fue quien me hizo tanto daño. Otros han notado signos de estrés post-traumático. Algunos me han dicho que parezco una víctima hablando sobre su abusador. Cuando hablo de ella aún se me salen las lágrimas.

Even ghosts get lonely, pienso en todo lo que hizo por mi, es difícil olvidarme de ello también. ¿Por qué aún la quieres? me pregunta la psicóloga: "Porque ella me cuidaba" le contesto. Lo más difícil es cuando tu cuidador es tu abusador. Yo no creo que se haya dado cuenta de lo que hizo, ni de lo que hace, aún así me sigue lastimando.

Quiero pensar cosas buenas: por ejemplo, la hora de la cena. Por ejemplo, viendo películas en la alfombra y no en el sillón. Luego pienso que cuando más me quería era cuando yo me mostraba más vulnerable. Luego pienso en el bebé que perdió antes que a mí: "Claro, eso explica muchas cosas" me dice. Yo cargo un fantasma. Yo llegué cuando ella aún estaba mal. Yo fui un remplazo, eso le causó ansiedad. Y así, podemos divagar mil cosas más. Cada vez se va descubriendo más, cada vez son más claras las señales: lo que hacía, una manera extraña de ver la vida. Thanks god yo no la veo como ella, me dicen que eso es una gran ganancia.

Es tan doloroso asomarse al corazón. I don't know for how long I can keep going like this. Al menos en Año Nuevo se que otras heridas se abrirán, sé que de nuevo voy a cuestionarme todo, sé que estaré triste, rabiosa, confundida y dolorosamente enternecida por ella.

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No es que quiera alejarme, solo quiero que no me haga daño, solo quiero estar bien. En paz. Es que ella es una mujer extraña, I know she went through a lot, I know she did not mean it, pero aún así, lo hecho está hecho. She hurt me anyways. I can forgive but I can't forget. Pero está bien, poco a poco he marcado límites, voy mejor, me resulta extraño pensar que un día ya ni siquiera recordaré como era su voz.

3 nov 2021

Mucho antes de la seis

 Creo que esto ya es solo un ejercicio para lo que será el 2025, si este blog no desaparece como lo hizo mi blog en msn spaces. Lo que sucede es que, después de dos años he vuelto al mundo exterior. A la fuerza y contra mi voluntad.

Ah, las bondades del mundo exterior: tres horas en transporte público para ir a tomar clases de japonés.

Recuerdo el inicio de la pandemia y el sinsentido que era mi vida: me sentí abrumada sabiendo que no podía –debía– salir de mi casa. Me sentía abrumada por mi preocupación, por la preocupación de todos, por vivir con mi hermano, por que creían que el coronavirus nos mataría por ir a comprar queso Oaxaca al Oxxo. Aquellos días que no extraño ni miro con nostalgia, como suelo hacer. A pesar de todo, si sintió el paso del tiempo, aunque de una manera muy rara. Creo que por eso escribo, porque no puedo creer que termina el 2021 cuando esta locura llamada pandemia comenzó en marzo del 2020.

Le dije a mi entonces novio (y ahora cónyuge gg) que lo veía en un mes. "Podemos hacer una cena romántica online" Para mi era horrible, yo quería estar con él todo el día, todos los días, pero pensé que dentro de todo podría ser una experiencia divertida y curiosa, y que tras un mes de cero contacto humano todo volvería a la normalidad. Bueno, eso nunca pasó. Nunca salí con él al cine, ni a la puri, ni al museo Soumaya ni a Coyoacán; pasamos de ser novios a vivir juntos sin el romance casual del noviazgo en tiempos pre-covid.

Pasó un mes y otro y otro, yo más desesperada que nunca fui a terapia y descubrí mucho de mi que no sabía. Dije al ch. y me fui a vivir a mi casa. Compré un sillón y un librero y un comedor. Compré un escritorio para tomar clases y estoy pensando comprar una silla en el buen fin (is that being an adult? Esperar el buen fin :v). Me siento libre y más tranquila. Thanks god por el 2021. Me da un poco de tristeza que ahora que todo está tan bonito tenga que volver a tomar el metro y los autobuses para ir hasta la carretera a donde dios no llegó.

Solo pienso en cuanto miedo me da no tener dinero y morirme por esa pendejada. Me caga el capitalismo, ojalá pudiera pasar los días leyendo y estudiando japonés por siempre. Me da mucho miedo ser adulto pero supongo que eso es parte de serlo. Solo espero poder dedicarme a cosas lindas como leer y ser feliz y tener un ingreso estable forever, de preferencia algo que sea hacer home office o trabajar muy cerca de mi casa.

Bueno, escribo esto mientras estoy en una clase de política –i'm so sorry, pero con esta clase no puedo...mi cerebro se pone a divagar mucho antes de las seis (y la clase acaba a las 7:00)

En fin, esta es la vida ahora: ser adulta, estar feliz, tener miedo, no poder viajar porque no hay dinero gg, tomar clases en línea, tomar el pesero los miércoles, viajar desde metrobus Etiopía (Qué linda sección de la ciudad es Etiopía btw), estar con mi novio-amorcito, amarnos mucho y a veces no saber wtf con la vida, solo esperar a ser viejitos y felices después de muchas aventuras. Ojalá la vida sea solo eso, aventuras. Pero bueno, si independizarse is about being a laborer with an income y las aventuras son solo ir al cine it's fine.

15 ago 2021

Viaje a Corea.

Hice un viaje a Corea en 2018. 

Tenía planes bien locos, había estado estudiando chino y me iba a ir a China a enseñar inglés c: boleto de salida… Febrero 2020 y…. Llegó la pandemia. Entonces andaba por aquí en Mexico porque una semana antes de irme se cancelaron los vuelos. Y después todo el mundo colapsó 🗺 

En mi mente yo tenia ya un plan para unos cinco años porque no me gusta no saber que pasará: enseñar 1 o 2 años inglés, ahorrar dinero y pagarme un programa de idiomas en alguna escuela de japonés en Japón y después estudiar para una maestría en Traducción o en literatura allá. Me sentía muy tranquila de saber qué iba a pasar en mi vida, y cuando todo cerró y se detuvo no tuve más que enfrentarme a dejar que las cosas fluyeran, y en el encierro y la soledad tuve que enfrentarme igual un montón a cosas que no quería –ir a terapia ajaja thanks– y tambien a sentir que de repente todo paro, que yo “dejé de avanzar”, sentirme atrapada, no sé, sentimientos muy extraños. 

Con todo, ese sentirme atrapada creo que me ayudo y me impulsó mucho a, aún en una pandemia y en un momento de crisis, buscar mi independencia –física, emocional, económica. 

Fue un proceso abrumador, desgastante… fue también descubrir cosas totalmente desconocidas para mi como preocuparme por alguien más que no fuera yo, compartir, saber que no todo lo tengo que enfrentar yo sola… a unos días de mudarme de casa de mis papás para vivir con mi novio, pienso que todo pasó como tenía que pasar. A pesar de todo logré proyectos muy bonitos en todo este tiempo de incertidumbre (aunque sufrí bastante en el proceso), empecé una maestría en Mexico (qué incluye dos horas diarias de estudio de japonés lo que me hace suuuuper feliz), me conocí mas, creo que voy reconciliándome con el pasado y, como por arte de magia, llegó a mis manos un libro que me dio un último empujón —porque buscar tu libertad tan cerca de aquellos que quisieran tenerte siempre en su jaulita, por más cómoda que sea, es más difícil que buscarla cuando hay un mar de por medio— El invencible verano de Liliana.

El espíritu libre de Lili, que dormía en un colchón en un cuarto en la calle de Mimosas, me contagió su entusiasmo, su resolución, no sé. Creo que es un libro que habla sobre la libertad, sobre qué necesaria es, y sobre cierto tipo de felicidad que solo se puede encontrar con ella.

¡Así que hacía la libertad voy! 

En ese camino, hoy me he cruzado con un poquito de nostalgia por la Eloísa del 2016, sobretodo la del 2017… agradecida de los viajes y las amigas, todos los kilómetros que me dejaron comprenderme más, buscarme más: de mis errors también, de mis desvelos… siento nostalgia y amor por la Eloísa que se fue a Corea, la que siempre buscó el amor, la que se atrevió a cuestionarlo; la que amo la soledad y si amó a sí misma y más que a nadie en ella… pese a todo, Eloísa tiene mucha fortaleza en su corazón… si un día alguien me debe recordar, ojalá que sea así.

Tal vez es hoy el día que la crisálida ha madurado y puede salir del capullo. Falta extender las alas y ver todo lo que aprenderá la mariposa en el vuelo.

Amo todo lo que me dio la vida, amo la forma en la que me lo dio, amo el coraje de mi corazón.

7 feb 2021

Translating myself vol.2


Habrá sido hace un año cuando vi la imagen en Instagram por primera vez. Me desconcertó. Yo comenzaba mis andares profesionales por la traducción, por fin podía responder a la pregunta "¿a qué te dedicas?;"soy traductora", contestaba. Había pasado por dudas, cavilaciones, había trazado metas, me había enfrentado al miedo, a la crítica, a las entregas y a la decepción: si bien  me había preparado en Traducción literaria, lo cierto es que el campo de trabajo no era para nada fácil y terminé traduciendo artículos para una agencia de viaje, uno que otro documento como boletas de escuela, estados bancarios y cartas de gobierno que no necesitaban sellos de traducción oficial.

Para bien o para mal estaba desempeñándome en lo que quería: en los idiomas y en escribir. Poco a poco la paciencia dio frutos y pude traducir algunos textos académicos de arte y unos poemas. Aquello me llenaba el alma, pero, una vez que concluyó esa etapa me pregunté porque traducía en realidad. Claramente, no por fama ni por fortuna. Desde mi punto de vista, los traductores hacemos un trabajo silencioso, si bien de vital importancia, siempre desprovisto de un interés personal: queremos que se entienda al otro, nosotros somos sólo el medio. Nos sentimos honrados de que alguien nos confíe sus palabras, su mensaje, eso suele ser más que suficientes: ni gracias, ni alabanzas esperamos. Es tanto así, que hasta hace poco los traductores han comenzado una especie de campaña para que legalmente, nuestro trabajo se reconozca y que, obligatoriamente, se escriba el nombre del traductor en las portadas de los libros.

Es probable que al leer un libro, muchos sabrán quién es el autor, pero pocos hojearan la contraportada, las letras pequeñas, y descubrirán a una Aurora Bernández –quien nos permitió entender a Gustave Flaubert, Jean Paul Sartre, William Sartre, Albert Camus, entre otros (y sí, todos hombres, a Aurora le tocaron otros tiempos–– o a una Gemma Rovira Ortega –sí, gracias a ella el fenómeno "Harry Potter" cruzó la barrera cultural y llegó al habla hispana––; e incluso si lo hacen, las probabilidades que sus nombres queden grabados en el imaginario colectivo son mucho menores que las de que se recuerde a les autores.

Establecido que el traductor no busca ni reconocimiento ni fama, sí puedo decir lo que, al menos yo como traductora, busco: ayudar. Ya fuese a una autora, a que su historia y su voz llegue a otras latitudes, a estudiantes que necesiten una traducción actualizada de algún académico consagrado para cursar sus materias –y de paso, tengan otra perspectiva, puesto que sí, traducir de nuevo es permitir una mirada nueva–– o, en mi humilde labor de traducir boletas de calificaciones y estados bancarios, por ejemplo, ser la diferencia entre que alguien consiga una beca, un puesto de trabajo o un préstamo qué, de una forma u otra, mejore su vida –mejora que, sin la labor de la traducción, se queda estancada por la barrera lingüística–.

Aquello sin duda me dio ánimos y paz para seguir traduciendo, sin importar el tamaño del proyecto, no obstante resonaba esa frase en mi cabeza de vez en cuando. Me parecía un reclamo, un especie de connotación negativa sobre la traducción, que, desde mi ideal, era tan noble y buena, algo que permitía la comunicación y ampliar horizontes. 

"Ojalá no tengas que pasar la vida traduciendo tu alma". Como siempre, lo tomé con humor –red flag: reírme de mi para que no lo hagan los otros– y publique algo así como: "ayyy no, no le digan eso a un traductor" o "ayy, y yo que soy traductora". Flashforward a un año después: estoy en terapia.

Entre las muchas cosas que he tratado en terapia, las relaciones abuela-madre-hija han sido un tema central. No haciendo muy larga la escena, en una de las sesiones –obvio por zoom, pues #2020– mi psicóloga me dijo: "Eloisa, tienes todo el derecho a sentirte sola, repasando lo que me haz contado, tienes una gran razón para hacerlo". Me eché a llorar, incluso ahora siento como mis ojos se humedecen: en 25 años de mi vida, sentí que por primera vez alguien validaba mis sentimientos. Yo siempre había sido la niña que lloraba mucho, la niña que nunca estaba contenta, la niña a la que le iban a dar "verdaderas razones para llorar". Si bien muchas veces, como en todas las infancias, esas eran maneras de lidiar con rabietas y/o berrinches, la niña que creció (como sus problemas) siguió escuchando esas frases innumerables veces. No solo eso: enojos, reclamos, llantos. En mi casa toda emoción que no fuera un "te quiero mucho", "estoy feliz" se significó como algo "malo" o "tabú". Me volví una persona que entonces dejó de expresar sus malestares y descontentos. Preferí callarme, jamás lloraba (para mi llorar frente a alguien, o admitir que lo hago, todavía me cuesta), jamás alzaba la voz, era esa chica a la que decían "¿Pues qué pasó para que te hicieran enojar?" o "Órale, pues ella es super tranquila, para que se enoje tiene debe estar cañón", o "Baby, yo sé que odias la confrontación pero a veces solo así se arreglan las cosas" y no, yo lo odiaba, prefería callarme aguantar, todo para no llegar a los reclamos, las peleas, lo que fuera, en mi mente era: "No, las niña malas se enojan; no, solo los tontos se enojan", etc.

–¿Es que por qué me hicieron llegar a ese límite?– le contaba a la psicóloga, recordando una de las pocas veces me atreví a alzar la voz en casa, a lo que le siguió llorar, peleas, en fin, lo peor del mundo para  mí –Yo sí expresaba que quería un cambio y no lo veía, y lo volvía a expresar, y seguían sin hacerme caso, sin "oírme", pro eso ese día me puse a gritar; pero sí me preguntas, lo que me dolió más fue me hicieran llegar a eso, más que lo que me molestaba.

–Bueno, a veces expresando nuestro enojo es la única forma de que nos escuchen, no es un sentimiento que debería hacerte sentir mal ni culpable.

Yo tomaba un respiro y me cuestionaba: ¿enojarme no es malo?

– Tampoco es malo que estés enojada por todo lo que te ha pasado, y más porque parece que nunca ha habido nadie que te entienda como tú necesitas ser entendida.

–No, pero ya sabes qué dicen, "cada cabeza es un mundo", si yo quisiera que todos me entendieran nunca lo lograría, no creo que sea su culpa no entenderme.

–Mira, Elo, tal vez sea cierto, ¿pero te das cuenta qué presente lo tienes ? Tú, por lo que me has contado, eres una persona que siempre busca entender al otro, que tras ese entendimiento quiere justificar las acciones de los demás, incluso si esas acciones te han hecho daño ¿Y sabes qué? Cuéntame,  ¿quién te ha querido entender a ti?, ¿cuándo, al contar algo personal, no te haz sentido regañada, reprochada, corregida?, ¿cuándo alguien te ha aceptado así sin más? Por lo que me dices, no parece que alguien se empeñe tanto en entenderte tanto como tú entenderlos. Es como si tú hubieses aprendido a hablar su idioma, a entenderlos, pero ellos no se interesaran por aprender el tuyo.

– Que chistoso lo que dices, yo soy traductora...

En ese momento no pude terminar la frase y me solté a llorar.

Aquella sesión no solo me confirmo que, si soy una persona reservada con mis emociones y muestras de afecto no es porque sea Capricornio, sino por toda esta rara dinámica familiar donde "es mejor no decir nada y así nadie se molesta", o "yo me aguanto mis malestar para no incomodar a otros"; sino también que la mente (el alma, el inconsciente, whatever), encuentra maneras de curarse a sí misma.

Las pláticas con mi terapeuta han sido muy largas, he podido hablar de temas que nunca he hablado con nadie más y he aprendido (estoy aprendiendo) a perdonarme, a no sentirme culpable por sentir, a dejar de poner a los demás antes que a mi, que, de hecho, no es malo ponerme a mi primero antes que a los demás porque solo así puedo dar lo mejor de mi, y sobre todo, me voy conociendo más a mi misma.

Honestamente, no sé si los caminos que elegimos en la vida son maneras en las que curamos heridas. Una profesora me lo dijo un día, ella tenía 70 años. No sé si eso cuenta de algo. No sé si decir "soy traductora", si empeñarme en recalcar qué importante es la labor del traductor, de cómo las traducciones son esenciales para entender que hay algo más allá de nuestros puntos de vista eran maneras de decir "alguien por favor interésese en comprenderme a mí, alguien por favor aprenda a hablar mi idioma".

No se si todos los traductores (y tal vez los estudiantes de otros idiomas) somos unos incomprendidos, o gente que de niñes tuvimos extraños ejemplos de comunicación interpersonal. Como sea, creo que ahora sé porque esa frase provocaba algo en mí. Creo que también voy comprendiendo que, simplemente, hay personas a las que no les interesa hablar nuestro idioma y que, en ese caso, seria mejor desistir pues llega a ser desgastante traducir el alma. También estoy volviendo a hablar mi idioma, pues pasé mucho tiempo invertida en aprender el de otros que, siento que algunas cosas he olvidado: estoy llorando lo que no he llorado en años, también estoy aprendiendo a amar sin miedo, como no lo he hecho en tanto tiempo.


P.d. actualmente estoy aprendiendo Macedonio, por cuestiones personales; y claro: hablo español, inglés y japonés. Estoy pensando en fundar una casa editorial para publicar de textos de mujeres inglesas que no han sido traducidas, just a thought.