«Era de una belleza tan exquisita aquella doncella que, de haberla mirado, el dios Amor no hubiera permitido que fuera amada por otro. Para ponerse a su servicio, no hubiera dudado en hacerse hombre y en renunciar a su divinidad disparándose en su propio cuerpo el dardo cuya herida es incurable, si no se afana en su cuidado un médico desleal; tal es su naturaleza, que nadie debe intentar curarla hasta descubrir su deslealtad, y quien cura de otra manera no es leal amante. De herida de amor, podría entreteneros en larga plática, antes de agotar este tema, si gustaseis de oír esta historia, pero pronto surgiría alguno diciendo que ando divagando sobre quimeras, porque la gente ya no fantasea con ensueños amorosos, hoy no se ama como se amaba antaño, y de amor no se quiere oír hablar siquiera.»
Un fragmento de El Caballero de León
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18 mar 2020
11 mar 2020
De Sartre y qué es la literatura
Escribo porque tengo que escribir y me adelanto a Sartre, quien pregunta ¿por qué escribimos?
Eco decía "porque me gusta". Ambas, respuestas individualistas que tal vez molestaran al francés: comprometido, apasionado, volcado de lleno en la idea de que el arte debe servir a la sociedad antes que a la inversa. A caso Eco y yo compartimos esa mentalidad burguesa dieciochesca sobre la que Marx escribió en la Introducción a Grundrisse (1857) y que describió como perteneciente a "las imaginaciones desprovistas de fantasía que produjeron las robinsonadas del siglo XVIII".
Los escritores, como individuos solitarios, nos agrupamos (aunque eso sí, no por voluntad propia) y fundamos la literatura y entonces no somos un resultado histórico, sino punto de partida e la historia ––malamente entendidos de nuestra verdadera naturaleza, de seres sociales productos y no generadores.
Sartre, sin embargo, no es ni como yo ni como Eco ––pretensión mía colocarme junto a ese señor, a quien, sin su permiso, he referido como mi amigo (passed away) en varias ocasiones irl––. Sartre, en la desgracia de la segunda guerra mundial, no pudo sino comprender que la literatura es dependiente de la sociedad, y que como producto social afecta a los individuos. He ahí su preocupación y su intención al querer revisar las nociones de una "literatura comprometida". No obstante, Sartre ––buen filosofo que era––no pudo errar y por tanto intentó mediar entre el arte, la belleza y el compromiso. Despreció, bien sûr, al arte por el arte. Dan ganas de decir "un verdadero genio hubiese visto más allá de su tiempo, hubiese comprendido que el sentimiento de compromiso era ilusión, resultado de la desgracia y el horror del nazismo, de los fascismo. Yo no escribo sobre la muerte, la injusticia, ni de las mujeres violadas––no son mi fin, si aparecen es porque son mi realidad, pero no porque quiera comprometerme con tal o cual postura." Sin embargo, para Sartre y Marx, no puedo escapar de comprometerme, de ser participe pues, de crear e influir y por tanto, al escribir debería haber un compromiso consciente. Ya si lo hago o no es mi decisión, pero ese es otro asunto. Aquí lo que quiero escribir es que, esté o no de acuerdo con todo lo que dijo Jean Paul*, hay dos pasajes que al menos, me han conmovido como persona que escribió alguna vez, que sigue intentando escribir de vez en cuando:
1) la función del escritor consiste en que nadie pueda ignorar el mundo y que nadie pueda ante el mundo decirse inocente [...] Todo esto no impide que haya la manera de escribir. No se es escritor por haber decidido decir ciertas cosas sino por haber decidido decirlas de cierta manera, y el estilo, desde luego, representa el valor de la prosa. Pero debe pasar inadvertido. Ya que las palabras son transparentes y que la mirada las atraviesa, sería absurdo meter entre ellas cristales esmerilados. La belleza no es aquí más que una fuerza dulce e imperceptible. En un cuadro, se manifiesta enseguida, pero en un libro se oculta, actúa por persuasión, como el encanto de una voz o de un rostro, no presiona, hace inclinarse inadvertidamente y se cree ceder ante los argumentos cuando se es requerido por un encanto que no se ve. La etiqueta de la misa no es la fe; dispone y ordena la fe. La armonía de las palabras, su belleza y el equilibrio de las frases disponen las pasiones del lector sin que este lo advierta. (63) -- Una nota rápida: me gusta pensar en todo lo que Joyce nos dijo con sus silencios. Y claro, en las cuestiones que plantea la teoría de la recepción y Wolfgang Iser.
Después, Sartre se pregunta ¿qué es un mensaje? y compara a un cementerio y a una biblioteca; dice: "Los muertos están ahí" (65).
2) Un sollozo completamente desnudo no es bonito: molesta. Un buen razonamiento molesta también, como Stendhal lo había advertido. Pero un razonamiento que oculte un sollozo es precisamente lo que buscamos. El razonamiento quita a las lágrimas lo que tienen de vergonzoso; las lágrimas, al revelar su origen pasional, quitan al razonamiento lo que tiene de agresivo [...] Tal es, pues, la literatura "verdadera", "pura": una subjetividad que se entrega con la forma de lo objetivo, un discurso tan curiosamente dispuesto que equivale a un silencio, un pensamiento que se discute a sí mismo, una Razón que no es más que la máscara de la sinrazón, un Eterno que da a entender que no es más que un momento de la Historia, un momento histórico que, por las interioridades que revela, remite de pronto al hombre eterno, una enseñanza perpetua, pero que se efectúa contra las voluntades expresas de los que enseñan. El mensaje es, en fin de cuentas, un alma hecha objeto. Un alma... (69).
Simon de Beauvoir y yo tenemos en común que Jean Paul Sartre nos hace llorar.
*O lo que su traductora dice que dijo, que es Aurora Bernández.
Eco decía "porque me gusta". Ambas, respuestas individualistas que tal vez molestaran al francés: comprometido, apasionado, volcado de lleno en la idea de que el arte debe servir a la sociedad antes que a la inversa. A caso Eco y yo compartimos esa mentalidad burguesa dieciochesca sobre la que Marx escribió en la Introducción a Grundrisse (1857) y que describió como perteneciente a "las imaginaciones desprovistas de fantasía que produjeron las robinsonadas del siglo XVIII".
Los escritores, como individuos solitarios, nos agrupamos (aunque eso sí, no por voluntad propia) y fundamos la literatura y entonces no somos un resultado histórico, sino punto de partida e la historia ––malamente entendidos de nuestra verdadera naturaleza, de seres sociales productos y no generadores.
Sartre, sin embargo, no es ni como yo ni como Eco ––pretensión mía colocarme junto a ese señor, a quien, sin su permiso, he referido como mi amigo (passed away) en varias ocasiones irl––. Sartre, en la desgracia de la segunda guerra mundial, no pudo sino comprender que la literatura es dependiente de la sociedad, y que como producto social afecta a los individuos. He ahí su preocupación y su intención al querer revisar las nociones de una "literatura comprometida". No obstante, Sartre ––buen filosofo que era––no pudo errar y por tanto intentó mediar entre el arte, la belleza y el compromiso. Despreció, bien sûr, al arte por el arte. Dan ganas de decir "un verdadero genio hubiese visto más allá de su tiempo, hubiese comprendido que el sentimiento de compromiso era ilusión, resultado de la desgracia y el horror del nazismo, de los fascismo. Yo no escribo sobre la muerte, la injusticia, ni de las mujeres violadas––no son mi fin, si aparecen es porque son mi realidad, pero no porque quiera comprometerme con tal o cual postura." Sin embargo, para Sartre y Marx, no puedo escapar de comprometerme, de ser participe pues, de crear e influir y por tanto, al escribir debería haber un compromiso consciente. Ya si lo hago o no es mi decisión, pero ese es otro asunto. Aquí lo que quiero escribir es que, esté o no de acuerdo con todo lo que dijo Jean Paul*, hay dos pasajes que al menos, me han conmovido como persona que escribió alguna vez, que sigue intentando escribir de vez en cuando:
1) la función del escritor consiste en que nadie pueda ignorar el mundo y que nadie pueda ante el mundo decirse inocente [...] Todo esto no impide que haya la manera de escribir. No se es escritor por haber decidido decir ciertas cosas sino por haber decidido decirlas de cierta manera, y el estilo, desde luego, representa el valor de la prosa. Pero debe pasar inadvertido. Ya que las palabras son transparentes y que la mirada las atraviesa, sería absurdo meter entre ellas cristales esmerilados. La belleza no es aquí más que una fuerza dulce e imperceptible. En un cuadro, se manifiesta enseguida, pero en un libro se oculta, actúa por persuasión, como el encanto de una voz o de un rostro, no presiona, hace inclinarse inadvertidamente y se cree ceder ante los argumentos cuando se es requerido por un encanto que no se ve. La etiqueta de la misa no es la fe; dispone y ordena la fe. La armonía de las palabras, su belleza y el equilibrio de las frases disponen las pasiones del lector sin que este lo advierta. (63) -- Una nota rápida: me gusta pensar en todo lo que Joyce nos dijo con sus silencios. Y claro, en las cuestiones que plantea la teoría de la recepción y Wolfgang Iser.
Después, Sartre se pregunta ¿qué es un mensaje? y compara a un cementerio y a una biblioteca; dice: "Los muertos están ahí" (65).
2) Un sollozo completamente desnudo no es bonito: molesta. Un buen razonamiento molesta también, como Stendhal lo había advertido. Pero un razonamiento que oculte un sollozo es precisamente lo que buscamos. El razonamiento quita a las lágrimas lo que tienen de vergonzoso; las lágrimas, al revelar su origen pasional, quitan al razonamiento lo que tiene de agresivo [...] Tal es, pues, la literatura "verdadera", "pura": una subjetividad que se entrega con la forma de lo objetivo, un discurso tan curiosamente dispuesto que equivale a un silencio, un pensamiento que se discute a sí mismo, una Razón que no es más que la máscara de la sinrazón, un Eterno que da a entender que no es más que un momento de la Historia, un momento histórico que, por las interioridades que revela, remite de pronto al hombre eterno, una enseñanza perpetua, pero que se efectúa contra las voluntades expresas de los que enseñan. El mensaje es, en fin de cuentas, un alma hecha objeto. Un alma... (69).
Simon de Beauvoir y yo tenemos en común que Jean Paul Sartre nos hace llorar.
*O lo que su traductora dice que dijo, que es Aurora Bernández.
14 nov 2013
Una temporada en el infierno - Arthur Rimbaud
Autor: Arthur Rimbaud
Escrita al rededor de 1873
Idioma: Francés
Verlaine, Rimbaud, pasiones y locura es lo que se viene a la mente cuando escuchamos el peculiar título. Junto con la figura de Rimbaud se une el término enfant terrible y 'poeta maldito'.
Para quién quiera explorar el escabroso mundo de la poesía y la tragedia conocer a Rimbaud puede ser un buen comienzo.
Escuché de Rimbaud por primera vez cuando habré tenido unos dieciseis años y leí algunos de sus poemas, pero no me decidí a explorar el asunto a fondo hasta ahora.
A los quince años alcanzó fama y renombre en los círculos literarios de la época, pero fue cuando conoció a Paul Verlaine--otro poeta contemporáneo con quien mantuvo una relación homosexual--que su genialidad llegaría al punto máximo y escribiría la única obra que publicó en vida: Une saison en enfer.
Tras una vida en la miseria económica, llena de excesos y drogas, dejó el mundillo literario a los 20 para no volver a él, pero sin duda, dejó un precedente único en la historia literaria con su técnica y sus versos.
Lo interesante de leer "Una temporada en el infierno" es conocer un poco sobre la vida del poeta y su tormentosa relación con Verlaine, a quién deseo, amó, odió y despreció con igual intensidad y la cual conforma un importante y bello pasaje en la obra.
Es también, casi un monólogo interior sobre los conflictos de identidad a los que se enfrentaba Rimbaud: la perdida de fe, el cuestionamiento a sus creencias y lineamientos éticos, así como los de su sociedad.
Su obra está lleno de simbolismo y un código que tal vez sólo el poeta podría descifrar, pues tanto ocurría a su al rededor y se valía de su intilgencia para expresar mucho a través de imágenes líricas, confusas y aparentemente sin sentido.
| Verlaine caminando con Rimbaud |
"Él era casi un niño... Sus delicadezas misteriosas me sedujeron. Olvidé todo mi deber humano para seguirlo. ¡Qué vida! La verdadera vida está ausente. No pertenecemos al mundo. Yo voy adonde él va, no hay qué hacerle. Y a menudo él se encoleriza contra mí, contra mí, una pobre alma. ¡El Demonio! Porque es un Demonio, sabéis, no es un hombre." - El esposo infernal en Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud.
18 sept 2013
Reseña: El extranjero - Albert Camus
Título Original: L'etranger
Autor: Albert Camus
País: Francia
Año de publicación: 1942
El extranjero fue la primera (y hasta ahora única) obra de Camus que leí, también fue la primera obra existencialista que cayó en mis manos, cuando yo no tenía idea de esa corriente filosófica y cabe decir, que tras leerla, vi una película en donde una viejecita sabía la mencionaba mucho y claro, yo me sentía la mejor de las intelectuales.
Lo leí hace más o menos un año atrás, y sin embargo, aún lo siento fresco en mi memoria, como si lo hubiese acabado la semana pasada. sí, es de esos libros que se quedan presentes en tu mente por mucho tiempo dado al manejo que tiene y admitámoslo, es referencia en muchas otras obras, lo que hace difícil que se te olvide.
Es este carácter anómico y de absurdo lo que caracteriza a la corriente existencilista que se expuso en la literatura durante y tras la Segunda Guerra Mundial. Un periodo muy interesante literariamente hablando pues dio pie a muchas corrientes de hombres y mujeres que se sentían perdidos y arrojados a un mundo hostil, que realmente no prometía nada, que era una farsa.
Creo que leer esta obra con un poco de background respecto al existencialismo puede ayudar a resolver muchas dudas.
Así que si tienen curiosidad por cualquiera de estos temas les recomiendo ampliamente esta novela, muy interesante y que te hace explorar cosas que antes tal vez no conocías. Te quita lo ignorante, pues' (diría mi sabía bisabuela).
28 ago 2013
Reseña: Madame Bovary - Gustave Flaubert
Autor: Gustave Flaubert
Primera publicación (por entregas): 1856
Año de publicación en formato de libro: 1857
País: Francia
Escribir una "reseña" a una novela que el tiempo ya ha calificado como una de las mejores puede parecer tonto, pero recuerdo una de las razón es por la que inicié este blog y fue porque, cuando todo mundo hablaba de las grandes obras como cosas intocables, yo creí que dar una opinión actual y sincera podía ser mucho mejor manera de animar a otras personas a acercarse a esos "gigantes de la literatura", y que vieran que no estaba tan mal...
Madame Bovary es un libro que me pensé mucho en leer, pero me aparecía hasta en la sopa y decidí que lo iba a intentar, como sea, ningún libro es eterno y si no, siempre podía dejarlo y agarrar algo más.
Bueno, pues comencé el libro y me llevé una grata sorpresa. Desde la primera página sentí que me iba a gustar. Estaba escrito de manera sencilla y sin pretensiones y aún así, lograba una delicadeza en el lenguaje que es difícil encontrar.
Flaubert era buenísimo en lo que hacia y lo sabía, pero intentando escribir una novela "absurda y banal" creo una de las mejores y más importantes obras del siglo XIX, que nos retrata la vida de la pequeña burguesia--de lo que hoy llamariamos snobs o wannabes--y la educación sentimental de las chicas de pueblo con sueños de gran ciudad.
Emma Bovary es un personaje más complejo de lo que ocurre, siento que es la tonta más grande del mundo y que también es una especie de heroína. No sólo recordé mis años adolescentes, sino pensé que a pesar de todo, todas deseamos un amor mágico como de novela--y si no fuera porque nos condicionamos a saber que eso es casi imposible, caeríamos en las jugarretas que el corazón le juega a Emma.La vida le aburre, pero ella no se cansa en buscarle sentido, significado, valor, algo por lo que valga la pena seguir respirando.
Consigue lo que desea y no es suficiente. Es caprichosa, hermosa, testaruda, ingeniosa, delicada, absurda. Sobre todo desea amar y ser amada pero de manera arrebatada y rayando en la locura. Como Flaubert describe en la novela a su Madame:
Si le gustaba el mar era a causa de sus tempestades.
Y pese a la aparente calma y languidez, Emma lleva una tempestad dentro suyo que--el lector esté de acuerdo o no con sus actitudes--es consistente, que nos atrapa y nos deja ver el porque de una acción, que llevará a otroa y otra y otra, formando una cadena que la asfixiará, derrumbando el pequeño mundo de ilusiones sentimentales y sueños que nuestra protagonista se había creado para sí.
17 ago 2013
Reseña: Les Miserables - Victor Hugo
Esta novela simplemente me encantó....y mucho más desde que Gavroche hace su aparición, uno de mis personajes literarios favoritos. Iba a escribirla peroo pfff...ya la grabé así que lo dejo por aquí. Si aún no lees no lo veas, es más que nada mi opinión.
RATE:


7 jun 2013
Comentario de análisis: Manon Lescaut
Título: Manon Lescaut
Para mi Manon Lescaut es una novela que nos muestra la fuerza del primer amor. El primer amor, ese que generalmente surge en nuestros años adolescentes, una combinación peligrosa de intensidad y arrebato junto con inexperiencia que sin una guía adecuada puede provocar desgracias. Creo que todos sentimos alguna similitud de esta historia con Romeo & Julieta, dos chicos descubriendo el amor que tienen un trágico desenlaces por las características antes mencionadas.
Autor: Abbé Prevost
Año: 1728-1731
La fuerza de estas emociones las podemos observar gracias a que todo nos lo cuenta des Grieux, tal y como lo vivió –o al menos cree haberlo vivido, pues este tipo de narrativas tiene presente la subjetividad del narrador--. Una de las cosas que me llamó la atención es esa fuerte diferencia entre la “racionalidad” y la “emotividad”. Des Grieux se describe a sí mismo como un chico con alto intelecto al comienzo de la novela, sin embargo, esto no le vale de nada cuando se enamora de Manon. Esto ocurre en la vida real más seguido de lo que creemos ¿Cuántos casos no conocemos de jóvenes con “un futuro brillante” que pueden terminar arruinados por alguna mala relación/pasión?
En segundo lugar, está esa idealización de Des Grieux hacia Manon incluso cuando en ocasiones tiene ante sus ojos la prueba del mal que aquella muchacha le ocasiona. Des Grieux hace hasta lo imposible por justificar sus faltas, culpando a todos menos a Manon. Incluso cuando a lo largo de la historia y tras varias desventuras des Grieux intenta ser “objetivo” continua fallando, demostrándos lo ciego que puede ser la pasión: “I could hardly consider it a crime in Manon to be loved.”
Pese a que des Grieux pudo considerar inconcebible una vida sin Manon en un principio, podemos comprobar que unos meses después la vida ha seguido para él así como sigue para nosotros, una vez que nos desencantamos de nuestro primer gran amor, que sin duda no es el último.
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