Director: Louis Malle
País: Francia
Año: 1971
Idioma: Francés
Reparto: Lea Massari, Daniel Gélin, Benoît Ferreux
Dijon, Francia. Años 50’s. Laurent, un chico precoz de clase
alta burguesa atrapado en una sociedad frívola, quien mira los problemas del
mundo desde una mansión y rodeado de sirvientes, jugándose bromas con sus
hermanos mayores y atraviesa la edad como descubrir su sexualidad, desafiar a
la autoridad y sentir un raro amor-odio por su madre.
Podría tratarse de una coming-of-age
cualquiera, pero Louis Malle como siempre, sabe captar esencias y conflictos
muy específicos sin abusar del melodrama, las actuaciones forzadas ni diálogos
terriblemente dramáticos. Él lleva con toda naturalidad la historia de
Laurent Chevalier, un adolescente fuero de lo común, a quién le diagnostican un soplo al corazón y se ve obligado a ir a un
balneario para curarse, en donde convivirá con otros chicos de sociedad y
compartirá la mayor parte del tiempo con su joven madre.
Esta película retrata las vidas de un niño amado—tal vez en
exceso—por su madre, Clara Chevalier, quien a los dieciséis años quedó embarazada, es casada
y arrancada de una juventud liberar para entrar a la alta sociedad francesa. Clara encontrará la felicidad en sus hijos, pero también, en un amante, como
refugio de esa vida tal vez impuesta.
Ella es joven, bella y tiene un marido unos diez años mayor,
quien está sumergido en el trabajo y le presta poca atención. Su hijo se vuelve
su mejor amigo. Un chico que a sus catorce años escucha jazz, lee a Camus y
escribe sobre el suicidio.
La película compatibiliza perfectamente a estos personajes,
dejándonos conocerlos tanto como debemos y dándoles el peso que corresponde a
cada uno, a diferencia de Los 400 golpes,
en donde el niño es más bien el protagonista abandonado por la madre, El soplo al corazón nos deja ver ese
otro lado humano de una mujer que vive una realidad producto de un amor juvenil
que con los años ha mermado.
Además, tiene cierto humor nouvelle-vaguero (por que no se me ocurre de que otra forma llamarlo) que crea un balance genial entre los tropezones de Laurent y su madre, con la vida en el cole, la familia y los eventos sociales, acompañados del jazz de Charlie Parker ¡toda una delicia de película!
Con paletas de colores suaves que indican cierta delicadeza
y amor maternal, Malle nos cuenta esta historia del extraño amor entre madre e
hijo, convirtiendo un tema tabú como el incesto, en una devastadora pero hasta
cierto punto, conmovedora experiencia de vidas confundidas y dañadas, dentro de
la sociedad de excesos, apariencias y aburrimiento de la clase alta.
5/5













