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31 jul 2013

Más sobre el Guardián entre el centeno o lo que llamé "La crisis Caulfield"

Me siento como Holden Caulfield, aunque a él le tocó vivir en la sociedad americana de las posguerra y tenía un hermano muerto, creo que los dos estamos igual de deprimidos.
La cosa es que todo se resume en un pequeño pasaje del libro en el que está conversando con su hermana Phoebe, no les voy a contar toda la historia porque tal vez ya la conocen, y si no,lo lamento por sus tristes vidas, se las recomiendo:
- Que a ti nunca te gusta nada. (…)- Hay cosas que me gustan. Claro que sí. No digas eso. ¿Por qué lo dices?- Porque es verdad. No te gusta ningún colegio, no te gusta nada de nada. Nada.- ¿Cómo que no? Ahí es donde te equivocas. Ahí es precisamente donde te equivocas. ¿Por qué tienes que decir eso? (…)- Porque es la verdad. Di una sola cosa que te guste.- ¿Una sola cosa? Bueno. (…) ¿Tiene que ser una cosa que me guste mucho, o basta con algo que me guste un poco?

Holden parece incapaz de encontrar algo que le guste de verdad, que lo llene, que lo haga feliz en pocas palabras.
Y eso me ocurre a mi, hoy, a mis dieciocho años y a unos meses de irme a la universidad.
La respuesta puede ser parecer obvia: te gusta leer, estudia literatura o letras. Pero lo cierto es que leer me gusta tanto que creo que tener que estudiar miles de autores y hacer ensayos y tareas, en tiempo y forma impuesta por alguien que se haga llamar "maestro", me arruinaría ese placer de botarme en la cama a leer sin ninguna presión, es más, cómo un acto muuuuy rebelde de evadir la realidad y lo que debería estar haciendo (estudiar economía, ejemmm).
Otra cosa que me dicen es estudia Historia del Arte (¿?) Bueno, sí, me gusta el arte y soy capaz de estar en un museo casi desde que abren hasta que cierran (es verdad, no me lo estoy inventando). Pero me aburre un poco ver todo eso de mesoamerica, incluso no creo poder dedicar mi vida a estudiar a un artista en concreto, para mi es un deleite visual, nada más. Me gusta más que alguien me platique sobre las corrientes artísticas y la vida del autor, como una charla de café, que como una cátedra que después tendría que acreditar.
Finalmente está lo que he elegido: Comunicaciones. La he elegido porque las materias son divertidas, llevas un poco de todo: arte, literatura, historia, fotografía, diseño, escritura y como soy tan malditamente indecisa y no sé que me gusta, creo que es una buena manera de empezar a explorarlo y de camino, tener un título por eso.

Pero aún sigo con la duda de ¿y si lo que me gusta ea otra cosa, pero no lo elijo por miedo a estar mal? Eso es lo único que realmente me preocupa/irrita/hace que odie a todos.
Y de nuevo, Holden parece entenderme perfectamente, porque el bien lo dice:
“¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir? (…). Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno”
A lo mejor un erudito de las letras me corrige, pero creo que lo único que Holden quiere es prolongar la infancia de esos seres que llamamos niños, porque la infancia es la única etapa de la vida en donde no importa que tan malo sea todo, uno siempre parece dispuesto a sonreír. Uno juega, rie, come y duerme sin pensar en el mañana --que se ve tan lejano--y por tontos, uno piensa que ser mayor es lo mejor del mundo cuando en realidad uno debería ser niño para siempre! Acúsenme de sufrir del síndrome de Peter Pan, no me importa, ustedes saben que digo la verdad. Holden, sabiendo que ya no volverá a ser un niño, le gustaría que otros chicos pudiesen serlo, y el estaría ahí, intentando salvarlos de que caigan al precipicio ¿de la adultez? No sé.
Solo sé que odio esto. Que quisiera no darle tantas vueltas al asunto.
Pienso que si pudiera, haría lo mismo, evitaría que los niños crecieran y dejaría que fueran felices por siempre.¿Cuántos adolescentes no saben que hacer con su vida, a escasos meses de comenzar la famosa 'vida'?


Al final, lo único que puede hacerse es vivir el día a día. Cuando nos demos cuenta ya seremos unos viejos.

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Digamos que esto fue más que nada un monólogo interno que escribí por ahí de marzo de este año, cuando aún no sabía qué iba a ser de mi vida. Sigo sin saberlo, pero me siento menos 'Holden' o al menos, menos abrumada. En fin, cualquiera pasa por eso y por esa misma razón El Guardián me gusta tanto, otro libro que logró ayudarme a entenderme un poco más. 

16 jun 2013

Reseña: El guardián entre el centeno - J.D. Salinger


Título Original : The Catcher in the Rye
Autor: J.D. Salinger
Año de publicación: 1951
País: Estados Unidos

Sarcástico, fastidioso, joven y triste ¿quién más sino Holden Caulfield? Holden es tal vez uno de los personajes más queridos y más odiados de la literatura, al igual que la novela de la que es protagonista.

Tras ser expulsado de Pencey, el joven Holden de dieciseis años decide escaparse para evitar la regañisa de sus padres, pues era el tercer colegio del que lo botaban. Muy desorientado y realmente sin saber qué esperar de la vida, comienza un recorrido por la ciudad de Nueva York en dónde nos irá relatando lo que opina de la sociedad en la que vive --un Estados Unidos recuperándose de la Segunda Guerra Mundial--y de las personas que lo rodean, pero también, auto-reconociéndose e intentando madurar en el camino.

Debo admitir que la primera vez que leí El guardián entre el centeno me gustó, aunque no estaba para nada acostumbrada a ese estilo de escritura, ni sabia nada sobre Salinger, ni toda la leyenda urbana a cerca de este libro y claro, tampoco tenía idea de que era un clásico moderno y una de las mejores novelas escritas en el siglo XX.

Justo tenía dieciséis años cuando lo leí y Holden me pareció un chico tonto en insoportable, sin embargo, ahora me doy cuenta de que es un personaje más bien trágico. Holden si bien ha crecido en una familia acomodada que le ha dado muchas oportunidades, también ha estado en un ambiente hostil, dominado por las apariencias y la frivolidad (para saber más, basta leer El Gran Gatsby, un favorito de Holden), en donde precisamente el dinero y los intereses corrompe a la gente y a la sociedad (recuerden, el chico creció oyendo a diario noticias sobre La Segunda Guerra Mundial). 
En algunos pasajes del libro nos deja ver la relación distante que tiene con sus padres, a quienes casi no menciona, la muerte de su hermano menor, Allie, ver a B.D. --su hermano mayor y una especie de héroe para Holden--vender su talento por algunos millones en Hollywood y la incomprensión que se siente a esa edad. Además, Holden tiene un miedo terrible hacia el futuro, el cual disfrazada con indiferencia y distrayendo a su mente con preguntas como "¿A dónde van los patos cuando llega el invierno?", aunque bien que sepa la respuesta. 

Ah sí, por si no lo habían notado, aquí Holden aprovecha para burlarse mucho y muy bonito del lector --como del taxista que lo conduce por algunas calles de N.Y.--pues muchos se intrigan con esa pregunta, como si fuera algo grande, cuando en la visita que Holden hace al Museo de Historia Natural y ve unos patos él mismo dice "los patos llendo al sur."

El humor del libro es picante, a veces negro y cargado de ese aire que se da Holden a si mismo de "todos ustedes son unos idiotas falsísismos y yo soy mucho mejor."
Tampoco es un personaje que deba gustarnos, sino todo lo contrario. Holden es un chico desesperado porque alguien lo escuche, porque alguien le comprenda y apoye, pues se siente sólo a pesar de estar rodeado de gente. Aunque para su mala suerte, no sabe cómo lograr que alguien se tome la molestia de conversar con él al ser tan insoportable.
A pesar de todo, al final de la historia, él  logra por fin que alguien lo escucha y comprenda: nosotros los lectores, los que pasamos tiempo analizando obras literarias (pues créanme que es un librillo bastante complejo a pesar de su aparente simpleza) o simplemente leyendo lo que Holden tiene que decir.

Podrán pasar otros cincuenta años, pero Holden será eternamente ese chico solitario de 17 años relatándonos lo que le pasó la Navidad pasada, mientras se perdía en las calles de un helado Nueva York, ese chico confundido e inmaduro intentando crecer y recuperar el sabor de la vida.

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